La muerte de Nicolás


Vadim Ghirda/AP/File

El exceso de poder tiene la facultad de cegar al más ávido de los políticos, no importa su experiencia y el círculo sobre el que se rodee, al final, ellos actúan como papanatas.

Algo así le ocurrió al dictador de Rumania, Nicolai Ceausescu, en sus últimos días en el poder para 1989, cuyos paralelismos con la Venezuela de Nicolás Maduro asoman la manera en que 18 años de revolución chavista acabarán por la terca voluntad de aferrarse al poder.

Para recuperar el dinero robado de Venezuela, EEUU puede hacer mucho



En 2010 las autoridades crearon un plan para perseguir el dinero de la corrupción

El Gobierno de Estados Unidos quiere evitar que corruptos y estafadores de todo el mundo continúen utilizando su sistema financiero para ocultarse, por lo que viene reforzando los controles y ha permitido que cientos de millones de dólares malversados sean confiscados y devueltos a sus países de origen.


Desde 2004 hasta 2012, último dato disponible por el Departamento de Justicia, las autoridades estadounidenses confiscaron y repatriaron más de168 millones de dólares estafados a varios países, un monto que parece minúsculo para la cantidad de denuncias de corrupción a nivel global.

Venezuela cancela deuda con la ONU y recupera derecho a voto




El Gobierno de Venezuela canceló parte de la deuda que mantenía con la Organización de Naciones Unidas (ONU) por su membresía con lo que recuperará el derecho a voto que le fue suspendido de forma temporal.

El secretario General de la ONU, Antonio Guterrez, envió el 2 de mayo pasado una misiva a la Asamblea General del organismo en la que informó que Venezuela había efectuado los pagos necesarios para reducir la suma que adeudaba “hasta un nivel inferior” a lo estipulado en el reglamento.

¿Cómo puede (realmente) Estados Unidos ayudar a Venezuela?



Revocar visados, embargar bienes, exponer a los cleptócratas y presionar con el respaldo de América Latina, es la manera en que Trump puede salir bien parado con la región


Lo que ocurre en Venezuela es una crisis peligrosa no solo por sus consecuencias sociales. El país se encuentra operado por mafias vinculadas al presidente Nicolás Maduro, que en determinados estamentos, buscan salvar su patrimonio, y, en el peor de los casos, evitar la justicia.

Los venezolanos no se enfrentan a políticos tradicionales. Todo lo contrario, son militares que se vincularon al narcotráfico, corrupción, y contaminaron las Fuerzas Armadas. Empresarios que hicieron fortuna a merced de sobornos, testaferros con poder, burócratas estafadores que poseen millonarios bienes y negocios en el exterior, y una poderosa red clientelar que infectó a la sociedad.

Lo que un latino debe entender del triunfo de Donald Trump


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Trump logró la mayoría de votos de los colegios electorales,pero no el voto popular (Foto/DT)


1) La sociedad estadounidense lleva varios años expresando su hartazgo hacia la clase política tradicional que se ha repartido el poder. Esto se traduce en las grandes familias, ricas en su mayoría, relacionadas con la banca, las multinacionales, responsables en parte de la crisis financiera que vivió el país en 2008, y que mató millones de empleos. Donald Trump rompió el esquema tradicional de fuerza y no se le relacionaba con esos grupos de poder, a pesar de ser un multimillonario de bienes raíces.

2)    Para un extranjero salido de un empobrecido barrio de Tegucigalpa o la insegura Caracas el sueño americano se traduce, en un principio, a una paga en muchos casos de 8 dólares la hora de trabajo ilegal (demasiado en comparación a la media de sus países), la oportunidad de adquirir un vehículo o ahorrar unos cientos de dólares para enviar a sus casas. Pero para un importante sector de la sociedad estadounidense “el sueño americano” es cada vez más difícil de cumplir, a diferencia de lo que vivieron sus padres o abuelos.

3)    Es cierto que Estados Unidos es una nación nacida y surgida gracias a los inmigrantes; también es real que los latinos son una mayoría, casi 56 millones, y que su influencia es incuestionable, pero esta nación sigue siendo de mayoría blanca y son ellos al fin de cuentas los que impulsan las victorias.



4)    En estas elecciones dos tercios (67%) de los blancos no universitarios respaldaron a Donald Trump, en comparación con sólo 28% que apoyó a Hillary Clinton, según el Centro Pew, y es este segmente de la sociedad estadounidense la que siente que su vida se estanca, que la bandera del comercio mundial los aplasta y que entienden el concepto de progreso de forma distinta, pues no solo es un asunto de dinero sino moral y religioso.

5)    El magnate supo enfocar su discurso hacia las necesidades y demandas de esa clase obrera blanca, una gran mayoría sin estudios, provenientes de importantes zonas rurales del cinturón industrial del país que perdieron sus empleos por la globalización, el cierre de fábricas, o el éxodo de industrias a otras nacionales con mano de obra barata.


6)    El 66% de la población blanca  no es de origen latino o hispano. Los estadounidenses blancos componen la mayoría racial en todas las regiones y alcanzan el mayor porcentaje de la población en el Medio Oeste de Estados Unidos: 85%, según el Population Estimates Program (PEP).

7)    Desde los ataques del 11 de septiembre, y últimamente la cadena de atentados en Europa por parte de musulmanes radicales vinculados al terrorismo, los estadounidenses ven con recelos a los musulmanes en un choque cultural sobre valores de vida que cada vez es más marcado. El mensaje de Trump de impedir el ingreso de musulmanes al país busca dar respuesta a esos miedos y la gente voto a favor por eso.

8)    Los tratados de libre comercio que tanto promueve Estados Unidos por el mundo efectivamente destruyeron millones de empleos en el país, pero es el ascenso de China, la mano de obra barata en Asia o los bajos costo de producción en México los que en realidad lastraron industrias estadounidenses. Que el magnate ofreciera al menos “revisar o acabar” con esos acuerdos como forma de respuesta a esa crisis, era lo que una media del país quería escuchar.

9)     Estados Unidos es una potencia, sin duda, pero su gasto militar, de 600 mil millones de dólares anuales promedio, es una enorme carga para los contribuyentes. Trump nunca cuestionó que su país dejara a un lado la supremacía militar, pero sí que sus gastos en la defensa de otras naciones debía revisarse. “Ellos tienen que pagar, por qué si Japón es un país muy rico no aportan algo al enorme gasto en defensa” soltó una vez el magnate.

10)  Durante la campaña el magnate fue reiterativo en sus argumentos. Redundante en todo caso, pero ese hecho terminó siendo su mejor arma política. Sentó su mensaje. En los tres debates presidenciales Trump se mostraba repetitivo con sus acusaciones contra Clinton y se enorgullecía de haber visitado pequeños poblados en estados clave golpeados por “la globalización”. Terminó siendo cierto en varios aspectos de sus discursos, como sentenció Joseph Goebbels, que “una mentira dicha mil veces se hace verdad”.

11)  Estados Unidos es una país con marcada diversidad racial, social, pero también moralista, sigue siendo en el fondo  un país conservador que asiste con reserva y un tanto atónita a las reformas a favor del matrimonio homosexual, la tasa de natalidad elevada de los latinos, e incluso la secularización de la sociedad. Trump prometía volver a “Make America Great Again (hacer nuevamente grande a EEUU), lo que se tradujo para muchos en retomar una senda conservadora, nacionalista.

12)  Trump hablaba de deportar a 11 millones de indocumentados. Esto suena exagerado y hasta imposible, pero buena parte de sus votantes y una media de la sociedad estadounidense considera que la inmigración ilegal es un lastre. Por eso su discurso, sus propuestas, iban dirigidas a ese público que anhela cambios.

13) Esta nación tiene un poderoso sistema de controles entre instituciones, mecanismos judiciales y políticos que pueden echar para atrás cualquier desmadre que la  “Administración Trump” quiera ejecutar. El juicio político, el poder de veto, las investigaciones independientes de la prensa o los ciudadanos, son instrumentos que el nuevo presidente debe tomar en cuenta partir de ahora. Nada para Donald Trump será fácil desde el 20 de enero.