La tumba de Simón Bolívar


Exhumación de los resto de Simón Bolívar 
La última proclama del libertador Simón Bolívar en su lecho de muerte, expuso el profundo temor que se llevaba a la tumba en medio de las divisiones que reinaban en las tierras que emancipó: "¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro".

La historia de Bolívar como prócer, figura icónica del bien o el mal, como Dios con botas o cascabel con espada, es compleja. Si para el Libertador la unión y la paz pasaban por distanciar los intereses del secesionismo, aplacar las rencillas y vengar las injusticias, temo que el Padre de la Patria se retuerce en su tumba si atisba al fondo y corazón de las repúblicas que fundó y liberó, y que a lo largo de 200 años no se ha hecho más que edificar y derruir en su nombre.
Las muertes repentinas y casi simultáneas de ocho personalidades clave muy ligadas al proceso político del presidente Hugo Chávez en los últimos dos años, están envueltas en estos momentos de un halo de misticismo que ha despertado una tormenta de supersticiones entre los venezolanos.

Desde la exhumación de los resto del Padre de la Patria el 16 de julio de 2010, ocho titanes del chavismo raso partieron “al más allá” por distintas causas: enfermedades, infartos fulminantes, accidentes, lo que terminó de airear las leyendas sobre una posible la maldición en la tumba de Bolívar, tal y como dicen ocurrió con la del faraón Tutankamón tras ser profanada en 1919.



No hay hasta el momento ninguna frase atribuida a Bolívar sobre lo que ocurriría si sus osamentas eran “profanadas”. El Libertador, al contrario, dejó por escrito su voluntad de ser enterrado en Caracas, por lo que sabía que su muerte en Santa Marta el 17 de diciembre de 1830, y su posterior traslado a Venezuela, representaría una “profanación” a su primera sepultura.

Las palabras que por estos días vinculan al Libertador en las que virtualmente predecía que "todo aquel que profane mi tumba, tendrá duros sufrimientos, y sus seguidores morirán en lotes", es más similar a lo que se afirma halló en noviembre de 1922 el egiptólogo británico Howard Carter, cuando encontró en el Valle de los Reyes la Tumba del faraón Tutankamón.

La Enciclopedia Británica sin afirmarlo con contundencia advierte que un supuesto egiptólogo descifró la inscripción que estaba en la antecámara funeraria de Tutankamón la cual rezaba: "la muerte vendrá con alas ligeras sobre todo aquel que se atreva a violar esta tumba", pero esto nunca se llegó a comprobar ya que el muro fue derribado durante las excavaciones.

Howard Carter observa la máscara mortuoria de Tutankamon (AP)
Si de maldiciones se trata, el mayor referente a la ambigüedad de la leyenda establecida sobre Tutankamón y el propio Carter, “el profanador”, es que el egiptólogo murió 17 años después de su célebre hallazgo, gozó de buen estado de salud, algo que sin duda no le ocurrió a quienes apoyaron su expedición. Por picaduras de animales o infartados, su acolitado sí se vio afectado, siendo los ataques cardíacos fulminantes la mayor causa de las defunciones.

Muertes por infartos como la de Lina Ron en 2011, Carlos Escarrá recientemente. El cáncer de Luis Tascón, la anunciada muerte al día siguiente de Alberto Muller Rojas. El accidente automovilístico de William Lara. El deceso del diputado al Parlatino, Luis Ceballos Lobos, o del director del Diario Vea Guillermo García Ponce, no resultaron ser hechos menos que alarmantes para la cúpula oficialista si se toma en cuenta que muchas de estos fallecimientos fueron todos en un mismo mes y hasta por las mismas causas.

La marmoleada frase de Chávez la noche de la exhumación de los restos de Bolívar dio repelús: “Lo hemos visto a Bolívar, sus restos. Yo he tenido algunas dudas, no soy el primero a lo largo de estos años. Pero anoche viendo los restos de Bolívar, no sé, el corazón me dijo: ‘sí, soy yo’”.


Lina Rón en un acto político (AFP)
Vincular los últimos decesos “oficiales” a una especie de maldición bolivariana no luce descabellado en el imaginario colectivo nacional si se toma en cuenta la invocación a la muerte que durante años hizo el chavismo como su lema de unión: “Patria, socialismo o muerte, venceremos”.

Lejos de profecías y llamados del más allá, si se examinan las causas de las “muertes oficialistas” se denotará que son un reflejo de las principales causas que a diario le cuestan la vida a cientos de personas en el país. Pero por más que se quiera decir que lo que ocurre es un asunto del destino o casualidad, la superstición innata del venezolano mantendrá lo que para él ya es un hecho fáctico: la maldición de Bolívar sí existe.

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