Nicolás Maduro y los gays


Nicolás Maduro toma la mano de su esposa, junto al vicepresidente Jorge Arreaza (AP)
Entre las tantas visiones que tiene el chavismo aglutinado hoy en la campaña de Nicolás Maduro, es que Henrique Capriles Radonski, por no estar casado, no tener novia o hijos a sus cuarenta años, es homosexual, dígase, gay. Para Maduro, según sus propias palabras, tal condición sería de merecido descrédito, lapidación política, pero, sobre todo, de obstáculo para llegar a la Presidencia de la República.

En Venezuela muchos no entienden que el celibato o simplemente que no haya llegado a la vida la persona adecuada no significa que sea sea gay, ermitaño o anacoreta, sencillamente es decisión personal de cada individuo con quién se comparte el pasar de los tiempos. En todo caso, los grandes líderes se miden por sus acciones no por su anillo de matrimonio.   

Lo delicado del mensaje de Maduro no es lo que dijo, en lo absoluto. Mucho menos cómo lo ejemplifique (dándole besos secos a su esposa Cilia Flores), sino cómo muchos aplauden los comentarios, espetan carcajadas y hondean banderas, incluso a sabiendas de su orientación sexual.


Vale la pena acotar que varias banderas del movimiento gay estaban presentes el día 11 de marzo, cuando el heredero del fallecido presidente Chávez se refería a Capriles “como ese que no tiene mujer”. “Yo sí tengo esposa, a mi sí me gustan los mujeres”, decía un Maduro al calor de las palabras, lo que fue relacionado con los comentarios en muchos círculos sobre la soltería del candidato opositor.

El discurso de Maduro exalta al macho dominante y cabrío que mantiene al país con una de las mayores tasas de violencia doméstica del mundo. Según Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, 95 mil 087 mujeres acudieron en 2011 al Ministerio Público en todo el país para denunciar algún tipo de agresión. Y de acuerdo a Amnistía Internacional, cada 15 minutos una mujer sufre abusos a manos de su pareja o expareja. Esto significa que en Venezuela casi 100 mujeres son vejadas diariamente.

Maduro no perjudica a Henrique Capriles con sus palabras, sino a una parte de la sociedad venezolana con orientación sexual distinta a la que él dice representar como “hombre”. Una sociedad que respeta a todo el mundo y que tenga una visión progresista de la vida debe salir rechazando esas afirmaciones.

Para un gobierno como el chavista, que se dice adalid de la justicia social y el progresismo latinoamericano, los comentarios de Maduro empañan esa visión. Hace un año el entonces Vicepresidente tuvo que pedir disculpas a la comunidad gay venezolana por sus comentarios ofensivos contra Capriles por llamarlo “Mariconsón”. Incluso siendo Canciller incurrió también en descalificativos similares que lo llevaron a crear una eufemística oficina de atención sobre estos temas en su despacho.  

La construcción de una sociedad militarista de tufo machista no es algo nuevo en la historia republicana de Venezuela. El conservadurismo luce como algo innato en la sociedad venezolana bipolar. Esa que va a la Iglesia los domingos para luego pecar. La que critica con vehemencia para luego dar ejemplos de moral… y así está el país.

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