Los apagones en Cuba a la luz de las velas


Yorgen García tuvo que romper muchas veces la solemnidad de sus rituales yorubas en medio de un apagón para implorarle a su santo que no se molestara si le apartaba una vela, quizá dos o hasta tres. Poco sabía cuántas horas duraría sin luz en su casa de tres ventanas en pleno corazón de La Habana.

Es que hasta los santos han tenido que ser condescendientes frente al cúmulo de apagones que desde los años noventa padece Cuba en medio de un déficit energético producto de la falta de centrales eléctricas por la escasa inversión estatal.

En los primeros cuatro meses del año pasado las alarmas de apagones volvieron a dispararse, cuando el Gobierno reveló que se habían gastado 40 mil toneladas más de combustible de lo que se tenía previsto para generar energía, y las arcas del Estado no soportarían tal desproporción.

Solo el fantasma de los apagones de hasta 16 horas en varias partes del país provocó que las autoridades lanzaran las primeras amenazas oficiales: si el sector estatal no reducía 12% su consumo eléctrico se regresaría los apagones programados al sector residencial.

"Cuando se fueron los rusos (1990) esto era un cueva de lobos, los apagones duraban horas. La ‘carnita’ se dañaba y uno sudaba por las noches como un pollo porque se prohibió usar los aires acondicionados", rememora Yorgen.

"Estábamos tan avanzados en energía que somos de los países de la región, en pleno siglo XXI, que importaba más parafina, quién sabe si para energía o hacer más velas", agrega.

La larga experiencia de Cuba en materia de apagones ha llevado a que sus ciudadanos tomen precauciones, teniendo que recurrir al mercado negro para comprar unas velas, donde por un dólar americano se pueden adquirir unas seis.

En un país sin una alta producción industrial, la mayoría de la energía se gasta en consumo doméstico, por lo que el Gobierno achaca la culpa de los apagones al "despilfarro desproporcionado de la gente".

Datos del Ministerio de Industrias Básicas cubano aseguran que la isla tuvo una capacidad de generación eléctrica para 2008 de 53%, lo que se traduce en 4.800 megavatios, el doble que en 2006, pero igual de insuficiente para este año.

Cuba no cuenta con fuentes de generación eléctrica naturales como grandes represas o cataratas, por lo que las autoridades diseñaron un sistema basado en pequeñas plantas de generación mediante combustibles diesel o fueloil para satisfacer sus necesidades.

"Ahorro o muerte"
Pero el verdadero oxígeno ante esta crisis llegó cuando el Gobierno venezolano comenzó a enviar cerca de mil barriles de petróleo que han permitido a las autoridades torear a los inusitados apagones.

"Tenemos tiempo que no hay apagones en La Habana, pero es que aquí las maquinarias son muy antiguas y consumen mucha energía. Las pocas linternas que la gente tiene son con gasolina porque eso de pilas... nada", relata desde La Habana Elizardo Sánchez.

El Gobierno ha buscado solventar este rezago con el desarrollo de nuevas formas de energía: paneles solares, bombillos ahorradores e importación de maquinaria, pero el verdadero problema radica en el desperfecto de sus termoeléctricas, y en sí al atraso de cincuenta años que vive Cuba.

Manuel del apagón
Conscientes de que la economía podía ralentizarse más de lo que estaba, el junio de 2009 el Gobierno contempló paralizar desde las seis de la tarde los entes que no prestaran servicios públicos, limitar el uso de aires acondicionados a cinco horas diarias (desde la una a las seis de la tarde) y apagar los refrigeradores dos horas diarias (de 7 a 9 de la noche).

A pesar de que se generaron varios apagones en puntos estratégicos de La Habana, Sánchez dice que "no es que el plan del Gobierno haya sido efectivo, sino que comenzó a comprar plantas como loco y a hacer cambios urgentes, pero buscó nuevos culpables: nosotros y la crisis mundial".
Foto: AFP

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