Hitler y Arizona


Con gran asombro hemos asistido a la decisión más indecorosa tomada en los últimos veinte años en contra de la inmigración, sobre todo, contra los latinoamericanos, sin importar la parte de la región de donde provengan, finalmente los latinos.


El hecho de que la gobernadora de Arizona, Jan Brewer, aprobara una Ley que autoriza a la policía estatal a detener a personas "sospechosas" de ser inmigrantes indocumentados es un hecho que, más que inquietar, da miedo.


Las autoridades de Arizona no sólo son excluyentes y prejuiciosas, sino que castigan como un delito capital la inmigración y a todo aquel que la acobije de alguna forma. El segundo gran golpe contra la historia, la cultura y la raza latina fue la prohibición en las escuelas públicas de impartir materias relacionadas con los estudios étnicos, porque a juicio de la gobernadora Brewer, ellos “promueven o pueden promover el resentimiento hacia el gobierno de Estados Unidos".


También prohíbe cursos que sean diseñados particularmente para un solo grupo étnico por las autoridades consideran que avivan el racismo. Nada más absurdo en la medida en que la formación equilibrada de la cultura y la historia permite la interacción sin prejuicios dentro de un país tan multifacético y étnico como Estados Unidos de America (USA).


En esa gran nación hacen vida más de 10 millones de personas ilegales según algunas fuentes. A esto debe sumarse el hecho de que hoy en día los latinoamericanos somos la mayoría más grande en ese país y el voto latino es fundamental para cualquier político que desee respirar sobre las venas del poder.


Mi recuerdo como ciudadano vulgar, común y silvestre, es que lo que está ocurriendo en Arizona es similar a la exclusión que sufrieron los judíos antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando por el simple hecho de pertenecer a esa raza eran cuestionados y rechazados por muchos.
Y sin ir tomar tanta distancia, a la propia segregación racial que permitió que en Estados Unidos hubiese baños para negros y baños para blancos hasta hace treinta años.


Se ha querido institucionalizar el rechazo social en Arizona por el miedo a algunos grupos que han sembrado violencia robando, matando o violando a ciudadanos estadounidenses; lo injusto es que hemos tenido que pagar todos ahora.


Arizona es un precedente contra los latinoamericanos, en la medida en que cientos de grupos racistas y xenófobos de EEUU, bien ellos legales, con pancartas y orgullosos de serlo, creen a los latinos culpables de todos sus males sin recordar que su país fue fundado por extranjeros y puritanos en el siglo XVIII.

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