El final de la novela Ingrid Betancourt


Ha sido una gran sorpresa para muchos el hecho de que a estas alturas Ingrid Betancourt decidiera llevar a últimas instancias un proceso por el que buscaba ser “indemnizada” por sus sufrimientos durante sus seis años de secuestro.

El viernes diez de julio la ex candidata presidencial y su familia -Yolanda Pulecio, su madre; Astrid, su hermana, y sus hijos, Mélanie Claire y Lorenzo- demandaron al Estado colombiano en busca de una millonaria indemnización por su secuestro: la módica suma de 8.5 millones de dólares

De ese monto, la política pedía $3 millones para ella por los ingresos que dejó de recibir durante los 3.320 días de cautiverio, y 5,1 millones de dólares por los "daños morales y perjuicios" que padeció.

Pero ¿por qué es escandaloso que ocurra esto?

El secuestro de la entonces candidata presidencial por el Partido Verde Oxígeno, en febrero de 2002, fue un hecho doloroso para el país y su familia. No lo dudo. Sin embargo, ese hecho era prácticamente previsible tomando en cuenta la tensión que se vivía en Colombia por la ruptura de los diálogos de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC.

En realidad todo el país volvía a entrar en un estado de guerra avisada. A Ingrid el propio Pastrana le dijo que no se acercara a San Vicente del Caguán, ni a las zonas donde se sabía que la presencia guerrillera era contundente. Ella, por el peso de “su coraje”, consciente de lo que podía ocurrir, se trasladó hasta esa zona cortejada por su compañera de fórmula Clara Rojas, quien al final resultó plagiada también por las FARC.

El propio Juan Carlos Lecompte, ahora ex esposo de Betancourt me comentó en una entrevista que publiqué en El Universal en abril de 2008, la corresponsabilidad de su esposa por el secuestro, pues prácticamente sería una estrategia política que impulsaría su campaña por la presidencia, tomando en cuenta que en San Vicente estaba el único alcalde de su partido, y ella “tenía que estar allí”.

Hoy menos que nunca la familia de Ingrid Betancourt incluyéndola a ella, tras su liberación gracias a la Operación Jaque el 2 de julio de 2008, pueden infundarse en la manta del abandono de Colombia e incluso el mundo, porque si algo que todos pueden comprobar fue el hecho de que esta familia recibió la mirada y comprensión de muchos gobiernos y personalidades por la causa “Ingrid Betancourt”.

Los gobiernos de Francia, España, Venezuela, Brasil y pare de contar, recibieron con los brazos abiertos –y todo costeado por el Tesoro Nacional—a los integrantes de esa familia para lograr la liberación de Ingrid, a quien nadie puede negar que sufrió con demasía.

Mil veces se le advirtió que esto podía ocurrir, y a ciencia cierta, fue las FARC quien la secuestró, no el gobierno de Pastrana o el de Uribe. La demanda entonces debería ser para el Mono Jojoy o Raúl Reyes. Y en todo caso, los cerca de 4.000 colombianos plagiados a lo largo de 40 años de historia deberían también hacerlo.

Además… si existe una familia y una persona que ha obtenido réditos de su dolor fue la señora Betancourt. Una editorial francesa publicará un libro sobre su secuestro. La Fundación Príncipe de Asturias, de España, la galardonó con su mayor distinción: el Premio a la Concordia, dotado con cincuenta mil euros y la fama que todo esto acarrea.

Pierdo la cuenta de la cantidad de títulos de “Mujer del año” que gobiernos, instituciones privadas, alcaldías y ONG's entregaron a Ingrid.

No sé en realidad que pasó por la mente de la familia Betancourt y sobre todo de Ingrid cuando decidieron llevar a delante la conciliación para ganar dinero por el secuestro. Mucho menos comprendo, cómo Ingrid asistió a los actos del 2 de julio de este año en honor a su liberación por la Operación Jaque, que prácticamente fue orquestada para salvarla a ella. Estaba sonriente junto a su hija y los otros catorce liberados. Varias veces repitió: “Gracias, muchas gracias”… ¿Y esto qué es?

Colombia dispone de 150 millones de dólares para el 2010 destinados a reparar a víctimas del conflicto armado interno, según Eduardo Pizarro, presidente de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR). Esa cantidad tendrá que ser repartida entre 250 mil colombianos que perdieron su familia a manos de los paramilitares u ha solicitado indemnizaciones. Si a esta cifra se le restara lo requerido por Betancourt, al menos 100 familias no serían beneficiadas.

En realidad, pienso que esta familia, una víctima más del dolor de la guerra en Colombia, quiere justicia y culpables, pero actuar de esta manera lo que único que ha despertado es “rabia en el corazón”, título de ese libro escrito por ella en el que se quejaba de la politiquería barata de Colombia y sus injusticias; espero ahora que su “arrepentimiento” por esta acción limpie su imagen porque ha quedado muy maltratada y me atrevo a asegurar que hoy muchos colombianos ya no la quieren como antes. La novela ha llegado a su capítulo final.

Un perfil que escribí de Ingrid Betancourt: http://internacional.eluniversal.com/2008/07/02/chcol_esp_desafio-a-la-vida-de_02A1751319.shtml

Una entrevista que le hice a Ingrid Betancourt en diciembre de 2008: http://www.eluniversal.com/2008/12/09/int_art_la-izquierda-no-gob_1183529.shtml

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