Si Wikileaks estuviera en Venezuela

Una página web ha revelado información valiosa sobre la guerra que libra EEUU en Afganistán poniendo en entredicho al Gobierno de ese país. ¿Qué habría hecho el Palacio Miraflores si le hubiese ocurrido algo similar?




El hecho de que un grupo independiente de defensores de la libertad de expresión publique información clasificada sobre los intríngulis de la guerra que libra Estados Unidos en Afganistán, demostrando que es un conflicto asfixiante, y peor aún, con errores que han costado la vida de personas inocentes, abre un debate complejo de hasta dónde debe llegar el derecho a conocer la verdad y cómo unos pocos dan todo porque esto se cumpla.

WikiLeaks acaba de difundir a través de la Web más de 90.000 archivos "secretos" sobre la guerra de Afganistán que contienen revelaciones sobre las víctimas civiles y los presuntos vínculos entre Pakistán y el Talibán. Esa hecatombe informativa ha disparado la preocupación de Washington por el curso que ahora pueda tomar su guerra; sin embargo, los promotores de esa "liberación informativa" también andan angustiados.

¿Pero qué pasaría si WikiLeaks estuviera en Venezuela? ¿Que su gente hubiese revelado información sobre los contenedores de Pdval, el funcionamiento de los puertos bolivarianos, las donaciones del presidente Hugo Chávez a Cuba o casos de corrupción en ministerios? Mejor aún: coordenadas de campamentos de las FARC o el ELN donde se demostrara que el Gobierno venezolano los apoya. Y sin ir muy lejos, secretos de la banca nacional sobre los controles de cambio, o los negocios sobre las casas de bolsa. Incluso intentos de golpes de Estado.

En primer lugar WikiLeaks hubiese sido acusado de Traición a la Patria y de atentar contra la estabilidad de la República Bolivariana de Venezuela y violar 50 artículos de la Constitución. En ese instante la Dirección de Inteligencia Militar habría allanado sus oficinas (el problema es que son virtuales).

Ordenarían a la INTERPOL solicitar la captura internacional de sus responsables, incluso de quienes filtraron los datos. Se procedería a la expropiación de todos los bienes, y en un juicio, quizá de tres semanas, habrían condenado a los culpables del sitio Web a la pena máxima de cárcel: 30 años. Tras este hecho, y por lo menos durante un mes, Chávez estaría en cadenas televisivas para despotricar contra sus agresores y lavar sus manos como Poncio Pilatos.

La oposición por su parte, sostendría que es una estrategia del Gobierno por hundirlos y que todo estaba orquestado por Miraflores. La misma reacción que han tenido algunos empresarios y políticos europeos a quienes WikiLeaks les ha dado buenos dolores de cabeza en sus respectivos países.

¿Tolerancia o impotencia?

Pero estas acciones al estilo venezolano no han ocurrido en Estados Unidos ni en los países en donde WikiLeaks ha hecho tambalear a sus gobiernos, partidos políticos y grupos económicos, simplemente porque al final la información es totalmente indiscutible; segundo porque algunos textos ya carecen de valor estratégico, y tercero, porque existe en el menor de los espacios de la conciencia, el deber de respetar la libertad de información como derecho inalienable de las sociedades.

WikiLeaks comprueba la veracidad de la información y de sus informantes y luego opera como un banco de datos que hasta hoy ha ayudado a desenmascarar grandes casos de corrupción, xenofobia en Reino Unido, y asesinatos y torturas principalmente en África.

El caso más importante hasta ahora era la difusión del vídeo a través de Youtube "Collateral Murder**", en el que un helicóptero Apache de la aviación militar de EEUU disparaba hace tres años a mansalva a 12 personas en Bagdad, entre ellos un camarógrafo de la agencia Reuters. Ninguno resultaba ser terrorista, los asesinatos fueron por "distracción"

El periódico español El País afirmaba en una nota que el diario británico The Guardian, otro con acceso a los documentos de WikiLeaks (el primero fue The New York Times y el tercero es el semanario alemán Der Spiegel), valora que "la mayor parte del material, aunque clasificado como secreto en su día, no es ya delicado desde el punto de vista militar".

Moral y con luces
El mayor debate esta entre lo ético y lo moral. Para el secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, WikiLeaks "es al menos moralmente culpable por la divulgación de documentos", dijo el domingo 1 de agosto mientras investigadores extienden su pesquisa sobre la filtración.

"Hay dos áreas de culpabilidad. Una es la legal. También hay culpabilidad moral. Y es allí donde creo que el veredicto es 'culpable' sobre WikiLeaks. Han publicado esto sin ninguna consideración por las consecuencias", dijo Gates en el programa de ABC "This Week with Christiane Amanpour", reportaba AP.

Por el momento Estados Unidos se está concentrando en Bradley Manning, quien trabajó como analista de inteligencia del Ejército en Irak. Manning ya fue arrestado y acusado de filtrar un video clasificado que muestra un ataque de helicóptero en el 2007 que mató a una decena de personas en Irak, incluyendo a dos periodistas de Reuters.

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, está ahora preocupado porque los posibles implicados en las filtraciones sean descubiertos y reprimidos. También le angustia el grado de peligro que puedan correr las personas que son mencionadas en los informes revelados. ¿Él pensó en esto antes? Parece que sí, pues ha dicho que hay cerca de 15 mil documentos que aún no han sido revelados y que quizá sí sean mas comprometedores que los que circulan actualmente.

Sin embargo, los expertos consideran que WikiLeaks y su gente han demostrado que hasta los mayores secretos de la impunidad pueden resurgir del ostracismo más profundo y que era necesario correr ese riesgo: el de informar para que desde las filas del poder se tomen verdaderas medidas y se sincere el curso de los hechos. Es la sociedad la que tiene el veredicto final porque en las guerras las mentiras las terminan pagando los soldados. Más sencillo: los humanos inocentes.

*La imagen fue tomada por el fotógrafo de prensa Inglés Tim Herthrington. Pertenece a un soldado, exhausto en algún lugar de combate en Afganistán. La imagen ganó el World Press Photo.



**Video de Collateral Murder




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