Latinoamérica sale del closet (¿o armario?)


¿Avanza? Definitivamente, por lo menos en papel, América Latina está demostrando que la homofobia institucional ha perdido fuerzas, y ahora los gay tienen mayores libertades y derechos que hasta hace veinte años eran considerados impensables de obtener.

México dio la estocada final. Quizá la principal. Y eso es impresionante.

La irreverente México, el machista país de los mariachis, de la ciudad de las 365 Iglesias y el picante hercúleo, ha silenciado las voces de los más y menos maldicientes de la modernidad, al permitir que los gay puedan en Ciudad de México adoptar a niños. Ya antes estaba permitido que contrajeran nupcias.

En un Continente híper marcado por el conservadurismo religioso desde la colonización hace quinientos años, América entera se ha volcado a exorcizar la imagen de región puritana para estar a la par de las civilizaciones verdaderamente occidentales. Porque hasta en el interior de Estados Unidos –el país más poderoso del planeta-- aún se viven encarnizados debates sobre cuestiones tan absurdas como el racismo, el uso de vestidos cortos o largos, o el que un ser humano conviva con animales. Ni hablar de las uniones homosexuales.

La mañana del 16 de agosto el pleno de la Corte Suprema mexicana desestimó por nueve votos a favor y dos en contra una petición de inconstitucionalidad presentada por la Procuraduría General de la República contra las adopciones a parejas del mismo sexo.

Con la decisión los homosexuales del Distrito Federal contarán con los mismos derechos para adoptar a niños que las parejas heterosexuales.

Lo exclusivo de esta decisión es que varios de los magistrados expresaron que estaban a favor de aprobar las adopciones por considerar que lo que hay en la Constitución mexicana era “un compromiso con la defensa de la familia sin importar quién la formara”.

El 12 de agosto el juez federal estadounidense Vaughn Walker, dictaminó que los matrimonios legales de parejas gay podían reanudarse esta semana (el 18 de agosto) en California, mientras su decisión de revocar una prohibición contra estas uniones era apelada. Y así fue. Una Corte Dederal de ese Estado suspendió este lunes 16 la reanudación de dichas uniones mientras considera su constitucionalidad.

Más de 18.000 parejas gay se casaron en California entre mayo y noviembre de 2008 cuando estuvo por poco tiempo permitido.

Ahora lo que grupos conservadores estadounidenses quieren es que el caso llegue a la Suprema Corte del país, y así definitivamente el caso sea zanjado por todo lo alto, pero ese hecho le dará más notoriedad al debate; sin embargo, habrá que esperar.

Dentro de EEUU 39 estados tienen leyes que prohíben rotundamente las uniones gay. Cinco --Connecticut, Massachusets, Vermont, Iowa, el Distrito de Columbia y Nueva Hampshire-- permiten las uniones de parejas del mismo sexo.

Abajito
En Suramérica la bandera de arcoíris, y no precisamente la wiphala boliviana, ha comenzado a ondear y el debate es cada vez más intenso. Uruguay fue el primer país en permitir la adopción de menores por parejas homosexuales el 16 de octubre de 2009.

Argentina permitió las uniones gay hace dos meses y los peruanos se jalan por los pelos para frenar esta iniciativa, pues una encuesta reveló que 71,5% de sus ciudadanos se opone a uniones de este tipo, según un sondeo de la Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública.

Colombia ha sido uno de los casos más particulares. Una nación de profundo arraigo conservador debate la medida actualmente, y con una Corte Suprema de tendencia liberal, el simple hecho de que haya admitido la demanda demuestra su avance en la región. La pelea es fuerte, sobre todo porque la Iglesia Católica colombiana es una de las grandes opositoras. Y es que en el mayor sentido el término "matrimonio homosexual" sigue generando temblores.

El presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), monseñor Rubén Salazar, le insiste a la Corte Constitucional que no autorice estos "matrimonios", aunque se muestra de acuerdo con estas parejas tengan garantías económicas. Un avance.

En una interesante misiva enviada al tribunal, el secretario de la CEC, monseñor Juan Vicente Córdoba citaba una metáfora genuina para defender su posición: "Fabricar moneda falsa es devaluar la verdadera y poner en peligro todo el sistema económico. De igual manera, equiparar los homosexuales con la familia es introducir un peligroso factor de disolución de esa institución y, con ella, del justo orden social".

El máximo Tribunal colombiano ya ha reconocido que en las uniones de personas del mismo sexo --aunque no vinculantes como el matrimonio-- hay derechos sucesionales de herencias y de afiliación al sistema de salud. Sorprende.

Lo extrínseco

En Venezuela esto es un debate bien acalorado, pero en el fondo de las gavetas, ya que en un Gobierno conservador, de corte militarista, con fachada de "progresista" avanzar en este tipo de reformas generaría un cisma al interior de los cuarteles, lo que demuestra el carácter polivalente que transpira la Revolución Bolivariana.

Hace un par de meses escuché a una diputada venezolana decir que en los países capitalistas (España, Holanda, Luxemburgo, Bélgica, por deciar algo) los drogómanos y gay eran maltratados, vejados, y no se les reconocía sus derechos.

Nada más absurdo que eso, cuando Holanda, quizá el segundo país más capitalista de Europa después de Reino Unido, fue el primero en legalizar las uniones gay y dar beneficios legales y dosis mínimas a sus toxicómanos. No hay que dejarse engañar por ignorantes que detenta el poder y que en nombre de conocimientos de folletos marxistas tratan de timar a la sociedad. Para Venezuela este tema es hoy extrínseco.

Durante siete años el filósofo español Joan Carles Mèlich participó en el proyecto "la Filosofía después del Holocausto", del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de ahí nació el ensayo "Ética de la compasión", que no confunde "compasión" con "piedad" y desmonta la idea de "dignidad".

"Lo que nos hace 'humanos' –declaraba Mèlich en una entrevista con la agencia Efe- no es la obediencia a un orden moral, a un código universal, sino el reconocimiento de nuestra condición de vulnerabilidad".

En Alemania entre 1933 y 1945, "los nazis se comportaron 'dignamente' con quienes juzgaron dignos -explicaba el filósofo en esa entrevista-, pero veían indignos a los judíos, a los deficientes mentales, homosexuales o gitanos".

Entonces hoy, con todo lo que ocurre en la región, entre quienes critican la legalización de algunas drogas, de las uniones gay, de las adopciones por ellos, o peor aún, que ven la infidelidad de la mujer peor que la del hombre, ¿qué significa tener dignidad? ¿Dónde empieza y acaba ese concepto? Si se quiere un debate serio sobre todos estos aspectos el concepto de dignidad es el menos reprochable. Se es digno por el simple hecho de "ser y existir".

Y si los constructores de la Ley en Latinoamérica están avanzando en sus posiciones, es porque se han concienciado del pluralismo que debe existir en las sociedades que rigen tomando en cuenta que en muchas de sus naciones las dictaduras y gobiernos totalitarios que identifica a la región casi como única, quisieron apagar la voz de “los distintos”.

Pero todo lo que está ocurriendo también es un legado de la instrucción en las escuelas de libre pensamiento en universidades de todos los confines del planeta, donde prevalece verdaderamente la cultura Occidental, la que los griegos sembraron hace más de 2000 años.

Hay que seguir avanzando, por los más y menos poseídos. Hay que hablar de las drogas; el aborto y la eutanasia. Ha llegado el momento. Es justo, pero sobre todo, necesario.
Foto (Taringa)


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