Gobernando con los telepresidentes

Presidentes como Hugo Chávez recitando poemas, Rafael Correa "refundando Ecuador", Silvio Berlusconi aconsejando a las italianas sobre matrimonio; a un Vladimir Putin glorificando a Rusia, los políticos han adaptado sus estilos a la televisión para mantenerse fuertes ante sus adversarios.

El surgimiento en la última década de los "telepresidentes", como celebridades o showman de la política, exacerbó la mediatización del poder, y por el efecto arrasador que produjo, terminó convirtiendo esos estilos en franquicias de corte populista que se han expandido aceleradamente: la telecracia.

"Es indudable que todos esos usos de la TV están ligados a un manejo de las emociones de las masas para lograr la gobernabilidad, conectar con la gente y canalizar los sentimientos", explica el historiador y analista cultura colombiano, Fabio López de la Roche.

Los populismos históricos se caracterizaron por un manejo privilegiado de la radio, particularmente con Getulio Vargas en Brasil, y Juan Domingo Perón de 1946 a 1955 en Argentina. Fue el modelo clásico de una fuerte propagando mediática progubernamental; incluso, se llegó a comparar al peronismo, en cuanto al manejo de medio, al fascismo, y en general, todos los líderes populistas tuvieron una gran sensibilidad en cuanto al manejo de ese medio.


El fenómeno telepresidencialista ha sido desglosado por el académico y periodista colombiano Omar Rincón, quien en su libro "Los Telepresidentes", analizaba las estrategias y modos de comunicación de doce mandatarios de la región.

Para este académico, Latinoamérica esta "pasando de ser el lugar de la razón al de las emociones. Un lugar en el que los presidentes se convierten en presentadores televisivos y contadores de historias, desplazando su papel tradicional de políticos y gestores".

Ese manejo excesivo de la televisión indudablemente tiene enormes riesgos, y como advierte López de la Roche "sobre todo cuando se liga a mandatarios con talante autoritario, de los que se creen mesías".

Tanto Álvaro Uribe con sus Consejos Comunitarios de hasta seis horas -una especie de Aló Presidente a lo Chávez-, o Correa con su "Diálogo con el Presidente", los líderes regionales se han trasformado en meros presentadores y productores de TV para entretener informando al pueblo o público.

"Es increíble como Uribe, con propuestas neoliberales, conectaba con Correa y con Chávez en el talante y manejo de los medios... eran parecidos", agrega López de la Roche.

Las franquicias exportadas
Thalía Flores, subdirectora de información del diario Hoy de Quito, comenta que lo que se está viendo es "una suerte de franquicia apta para cualquier país, sin importar la ideología del gobernante, recorre parte del mundo. La fórmula mediática es idéntica: No se gobierna, se permanece en campaña".

Con 2 mil cadenas obligatorias desde 1999, que representan 60 días ininterrumpidos de transmisión de discursos presidenciales (1440 horas, según la SIP), Chávez ha marcado un hito en las formas en que el poder -presidencial televisivo- rompe barreras, demostrando hasta dónde es capaz de llegar un Gobierno a la hora de acentuar su hegemonía mediática.

Para los analistas colombianos, parte del éxito político de Uribe se debió, en parte, "al excesivo control y respaldo de la televisión, que ayudó a construir simbólicamente un enemigo común, que fue la guerrilla, obviando otras realidades", refiere López la Roche".

En el caso nicaragüense, Daniel Ortega ha sabido mandar desde la TV, y como dice Arlen Serda, periodista del diario La Prensa, "Ortega y su familia se han convertido en los únicos voceros del Gobierno, apenas le dan cabida a ministros. El centro mediático, con su estilo populista, lo tiene él y nadie más".

En Argentina la presidenta de la República, Cristina Fernández, suele tener hasta dos actos por día: un acto a media mañana, por lo general al filo del mediodía, y otro por la noche, cerca de las ocho, justo para agarrar el prime time de los noticieros, afirma Juan Pablo Morales, reportero del diario La Nación.

Lo pintoresco
Pero en Europa el fenómeno "telepresidencialista" también tiene un gran representante: Silvio Berlusconi en Italia, quien tras su triunfo como Primer Ministro en 2001, supo explotar su imagen a través de la TV privada, de la cual, particularmente, es su gran accionista.

Con su estilo bonachón, irónico y de empresario comprometido, "el carisma de Il Cavaliere es telegénico. Su escenario es el estudio de televisión. Las masas populares a las que se dirige, las encuentra detrás de la pantalla" dice en su blog "mediocracia" el sociólogo mexicano, Raúl Trejo Delarbre.

Berlusconi “no se trata de una personalidad intensa, que de suyo resulte atractiva frente a grandes multitudes como las que se entusiasmaban con Perón en Argentina, o Mussolini en Italia”, acota el académico.

En Italia, sostiene Trejo Delarbre, más del 60% de los ciudadanos depende exclusivamente de la televisión como fuente de información política. Los tres canales propiedad de Berlusconi concentran la mitad de la audiencia de la televisión.

Cuando en un país, tenga la corriente cultural que sea, prevalece una sola versión de la “supuesta realidad” sus ciudadanos carecen de información suficiente para tomar decisiones, para ser independientes, y es el riesgo que se corre con la excesiva mediatización de los políticos, o de un solo político. Peor aún, de un solo gobernante.

Tal riesgo es igual de peligroso cuando un determinado medio se pliega a esa realidad disfuncional y termina convirtiéndose en un manipulador potenciado.

Y es que esta realidad "televisiva" está demostrando que los populismos mediáticos han logrado desechar los cauces institucionales para hacer de la TV ágora, Parlamento e incluso tribunal de inquisición.

Como advertía Trejo Delarbre, "la TV en vez de ciudadanos tiende a propiciar súbditos", y la mejor forma de acabar con esto es desmontando el falso discurso de los líderes, pero sin opciones políticas "capaces" será imposible.

Este trabajo es la extensión de un reportaje publicado el día 07 de novimebre de 2010 en la sección Internacional del diario El Universal de Venezuela. Fotos: AP-Reuters. Montaje de fotos: Ernesto Cova.

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