Haití es una nación encolerizada (II)





Las elecciones presidenciales buscaban exorcizar muchos fantasmas, espíritus que en realidad existen y que son tantos los que hostigan las calles de la gris Puerto Príncipe, que el triunfo de un candidato u otro significa la esperanza de ver menos oscuro los problemas. Es el curioso milagro que causa la política.


Desde Puerto Principe
11 de diciembre de 2011
21:59 Pm.


Los haitianos tienen una enorme capacidad para organizarse a la hora de protestar, de conseguir y mover hercúleos cualquier objeto sin importar su dimensión: un carro viejo, troncos de árboles, bolsas de basura, postes, lo que sea. El objetivo es el mismo: hacer barricadas y paralizar los caminos con tal de hacerse sentir. Si todo junto se puede quemar les parece mucho mejor.

Son los tiempos del cólera en Haití, y en la capital del país, Puerto Príncipe, desde el martes siete de diciembre se está viviendo un estado de sitio en medio de las fuertes protestas que han tomado impulso tras conocerse los resultados de las elecciones presidenciales del pasado 28 de noviembre, los cuales miles de haitianos denuncian como ilegales. 



Las protestas son orquestadas por seguidores del candidato Michel Martelly, un cantante bastante popular aquí en la isla a quien llaman "Sweet Micky", que quedó relegado de la segunda vuelta electoral, la cual se celebrara el próximo 16 de enero, curiosamente cuatro días después del primer aniversario del terremoto del 12 de enero de este añoo, en el que 250 mil personas fallecieron.

Las calles de Petion Ville, al sureste de la ciudad eran este jueves un babel de personas, de carros, motos, carretillas, perros, gallinas y hasta cerdos perdidos entre las masas que iban de un lugar a otro corriendo, gritando, manejando acelerados y a veces sin sentido. En Caracas esto no se ve.

La furia de los haitianos es porque dicen sentirse engañados tras los comicios. Para muchos de ellos Martelly fue quien debió llegar al poder.

El Consejo Provisional Electoral (CPE) confirmó el martes que la elección se definirá entre la candidata opositora Mirlande Manigat y el oficialista Jude Celestin, del Partido Inite, quienes alcanzaron 31.4% y 22.5% de los votos, respectivamente.





La gente no cree en esas cifras y asegura que el presidente René Preval ha metido su mano en los resultados para que Celestin se haga del poder en enero de 2011 y dé continuidad a su política, muy criticada desde hace cuatro años y tras el terremoto, sepultada su popularidad por completo.

En este país la gente se ha acostumbrado a tomar las calles para mostrar su furia, a quemar las cosas, a gritar y bailar al ritmo de la música y el vaivén de los humos, pero incluso a matarse bajo un estilo canivalístico entre una y otra fracción política para ganar la razón.

Según la radio local Caraibes, cuatro personas fallecieron en las manifestaciones de estos últimos días, tres de ellas por un enfrentamiento con los cascos azules de la misión de Naciones Unidas en Haití y la otra por lucha entre bandas.

Los vuelos se encuentran suspendidos y las decenas de ONG que hacen vida en el país han pedido a sus empleados evitar salir a la calle. Los principales accesos viales de Puerto Príncipe están tomados por la gente y una fuerte llovizna estuvo cayendo desde la mañana del jueves en la capital.

Las barricadas circundaban las inmediaciones del derruido Palacio de Gobierno y allí la gente agolpada en los campos de refugiados que están al frente de este reclamaba el triunfo de Martelly, pero, sobre todo, que no se les siga timando.

"El mundo cree que somos un país violento, que somos salvajes, pero no es así. Lo que pasa es que se burlan de nosotros y estamos hartos de eso", explica Jude Cross, un joven haitiano de habla pausada que aprendió castellano cuando estuvo viviendo en República Dominicana.

"Yo quiero que le diga eso al mundo: --reclama Jude-- que no somos violentos, sino que nos robaron a nuestro Presidente, y que la reconstrucción del país está tardando mucho". Y se pregunta señalando hacia el Palacio de Gobierno en dónde está el dinero donado por el extranjero para tal fin. Pero en el fondo tiene la respuesta y la grita: "se han robado la plata y nosotros aquí con hambre y sin casas".

Más adelante, en la plaza del general Petion, cientos de personas custodian las barricadas. Silban y corren al ritmo del acento creole cantando una pieza musical de Martelly. Un motociclista pasa furioso y espeta sin disimulo: "Martelly, Martelly, non Preval". Enseguida la gente comienza a saltar y gritar: "Non preval, non preval, Haiti, non Preval...".

Hoy Haití, más que una nación acorralada por el cólera, es una nación encolerizada, hastiada de las injusticias y las burlas de sus políticos con la venia de la comunidad internacional. Las cifras de muertos por estas protestas pueden elevarse, pero también la de los afectados por esa epidemia.

La ciudad está minada de basura en descomposición por las protestas y es un verdadero río de residuos fecales que se cruzan con la venta de comida ambulante. Los postes son urinarios públicos y la gente, quemando la basura, ha avivado la fetidez en gran parte de la capital, por lo que nuevas epidemias no sería descartable.


Para los haitianos las elecciones presidenciales buscaban exorcizar muchos fantasmas, espíritus que en realidad existen y que son tantos los que hostigan las calles de la gris Puerto Príncipe, que el triunfo de un candidato u otro significa la esperanza de ver menos oscuro los problemas. Es el curioso milagro que causa la política.



Fotos: Frank Lopez Ballesteros
           Boris Zapata

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