La mujer que se fue con las cenizas



Foto/ Reuters
Reina Luisa Tamayo, la madre de Orlando Zapata Tamayo, el opositor cubano que murió en 2010 por una huelga de hambre, habló conmigo horas antes de partir como una "desterrada voluntaria" (lo llaman refugiada) desde La Habana rumbo a Estados Unidos. Su voz era cruda y temblorosa, rauda a la velocidad de las palabras atragantadas cuando de expresar el dolor se trata.

Hizo todo por evitar que su hijo  no pereciera aquel soleado febrero del año pasado. Reina luchó porque Orlando depusiera la huelga de hambre que al final desgastó su maltratada vida, su "maldita vida" decían algunos de los que le conocieron. 

Lo que dijo  es el relato de una madre que se expresa con resentimiento, dolor, odio, admiración, pero mucho amor. Hay excesos de verbos y predicados que toman vida en cada línea.

Desde hace dos días Reina Luisa Tamayo no suelta el cofre de madera que carga con las cenizas de su hijo. Pasaba días y noches desesperada, contando las horas en las que su muchacho consumía su vida en una huelga de hambre que finalmente lo mató el 23 de febrero de 2010.

Reina habló desde La Habana y describió lo que será su nueva vida en Miami, el bastión del exilio cubano: "voy a luchar porque la memoria de mi hijo no se pierda en la nada y se reconozca que fue asesinado por el régimen de los hermanos Castro".

Orlando Zapata, un albañil de 42 años, murió luego de 85 días de una huelga de hambre con la que exigía mejoras en la cárcel, a la que entró en 2003, acusado de delincuente común y contrarrevolución.

A sus 62 años resume lo que ha sido su vida desde que su hijo se reveló contra el régimen cubano en 2003: "a nosotros nos tocó perder a ese mártir por la democracia que tanto anhelaba la libertad.... Hoy tenemos nada más que las cenizas ¡qué dolor! Esta familia ha soportado atropellos, golpes. Me han tratado de lisiar, hasta a mis nietas pequeñitas las han acosado. Ha sido triste y muy dolorosa la batalla que ha mantenido esta familia pero no nos rendiremos".

Reina Tamayo "comprendió el desespero" en el que cayó su hijo. Y es que llegó a ser la única forma en la que "un régimen como el de Cuba diera beneficios u oyera los derechos que tiene un simple preso... por eso es un mártir. Le habla una madre que dejó de comer 10 días en intervalos y sin ambargo no fue posible para salvarle la vida a Orlando".

"Para un huelga de hambre hay que tener demasiada fuerza", recuerda esta mujer quien quiso aclarar "y a a todas las madres del mundo solo les pido que se sumen a defender a sus hijos con valor, el amor también cura", concluye.

Ahora todas las noches, autómata, Reina verá aquel cofre frío con las cenizas de Orlando. Son millones de micropartículas que hacen un cuerpo humano obstinado, defraudado, triste pero al final valiente y decidido. De eso se enorgullece esta mujer, de haber criado a un hombre que quería vivir en libertad, ser la voz con nombre y apellido que hablaba por los anónimos, los mudos, los ciegos.

Reuters

Entradas populares

Imagen

El marzo más histórico