El verdadero miedo sobre Siria


Un niño sirio con una foto del presidente sirio (AP)

La intensidad de las protestas contra el presidente sirio Bashar al Assad le han llevado a responder con violencia contra una oposición desarticulada. Es por esa realidad que muchos ven improbable una transición en este país, tomando en cuenta que el caos puede ser extensivo y peligroso para todo el Medio Oriente.

El Gobierno aprobó este lunes 25 de julio un anteproyecto de ley que permitirá la creación de partidos políticos que compitan con el gobernante Baaz, de los Al Assad, abriendo de esta forma un espacio a los grupos contrarios al régimen.

El mandatario, quien heredó el poder en 2000 con la muerte de su padre –el entonces presidente Hafez–, sabe que las reformas son clave incluso, al interior de su equipo: le pueden servir para apartar a figuras que le han restado autonomía y generado problemas con el pueblo, en un país donde la mitad del mando está repartido entre civiles y militares.

Con un guerra civil abierta y sangrante en Libia, y un Muamar Gadafi reacio a dejar el poder, las potencias occidentales (Francia, Reino Unido, EEUU)  no se atrevan a aplicar la misma estrategia sobre Siria sencillamente por el alto poderío militar que esa nación posee, su influencia regional y sus aliados, lo que podría desencadenar un conflicto con ramificaciones imponderables.

El curso de esas revueltas también está preocupando a los cerca de 700 venezolanos que residen en esa nación, y eso me lo han hecho saber varias familias. Es la globalización de la intolerancia, el odio y la obsesión por el poder que perturbar a muchos.

La influencia de Al Assad al interior de Siria se mide por su control en los círculos de inteligencia militar, los organismos de seguridad política, así como el ministerio de la defensa, por lo que tenemos un país donde los militares han marginado a la clase política oficial.

Así lo advertía en un análisis, Barah Mikaïl, investigador de la Fundación para las Relaciones Internacionales y Diálogo Exterior (Fride), con sede en Madrid. Para este experto, “la respuesta de Al Assad a las protestas fueron torpes”, pues tranformó simples reivindicaciones populares en una lucha que ha despertado los demonios de una sociedad oprimida.

De acuerdo a los activistas, el aparato represivo ha matado al menos a 1.600 personas; los expertos han criticado la pasividad de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos por esto, pero justifican también su accionar “débil”

“Los gobierno ocidentales temen que de sentirse realmente amenazado desde el exterior, Al Assad provoque una liberación de sus aliados de Hamás, Hezbolá e Irán, con capacidades militares desconocidas, pero temidas”, advertía Mikaïl, especialista en temas del Medio Oriente y el Norte de África.

Parte de ese accionar violente del régimen, en medio de revoluciones populares que han tumbado tres sistemas (Túnez, Egipto y Libia) se debe en parte a la necesidad de demostrar fortaleza, “una fortaleza inclusive frente a Israel. Al Assad no puede darse el gusto de que lo vean temeroso”, decía Mikaïl, quien fue analista del ministerio de Defensa francés.

De aprobar el unipartidista Parlamento la propuesta de un sistema más plural, en Siria se acabaría “técnicamente” con el monopolio de la vida política. No obstante, en un país donde el nepotismo de los Al Assad controla todos los espacios, el verdadero equilibrio de poderes sería el próximo reto de un oposición sin experiencia ni recursos, que ha prometido mantener sus protestas.

“Es falso creer que todo el país quiere que se acabe la era de Bashar Al Assad”, agrega Mikaïl, “pero ambos lados quieren que haya una cierta apertura que disminuya la influencia militar y coercitiva”, y hacia allá parece enfilarse el gobierno.

No obstante hay quienes advierten que ante cualquier apertura progresista el régimen desplegará todos sus medios para silenciar a la disidencia y mantener su estamento.

Con los ojos de la UE, EEUU, Venezuela, e incluso vecinos de la región en Siria, expertos como Mikaïl creen que “encontrar un buen equilibrio entre la retórica firme y sutil” puede ser la mejor forma de reaccionar frente a lo pasa en esta nación.

Con lo visto en estos cuatro meses, con un Gobierno acostumbrado a las sanciones internacionales o presiones externas, hay quienes ven que esas mismas voces no puedan ni podrán hacer hoy mucho para influir en el curso de los acontecimientos. El asunto queda en casa, y, si acaso, a la espera de que los considerados aliados de Damasco digan: "¡Ya es el momento de parar", un asunto difícil si se toma en cuenta que Rusia, Irán o China tienen como política silenciar a su disidencia.   

Foto/AP
 

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