Indignados con Mcdonalds en Venezuela

¿Cansado o golpeado? (FLB)

El original de este texto fue enviado a Mcdonalds Venezuela e Internacional

Querido Ronald, la amistad que nos une desde hace tantos años me permite escribirte estas palabras de la manera más sincera posible, y sé que, en el fondo, no te molestarán, sino al contrario, me agradecerás porque siento el aprecio que me tienes, al igual que a otros millones de venezolanos.

¡Cuéntame qué está pasando! Me encuentro preocupado, o más bien desconcertado e indignado por la pésima calidad de tus restaurantes desde hace un año hasta la fecha. En los últimos cinco meses me he dado cuenta del bajo nivel de rendimiento de muchos de estos lugares. La comida ya no es la misma. ¿Por qué?

Sé que los venezolanos tenemos que agradecerte que en un país tan costoso, con una inflación desproporcionada, aún existan lugares como tus restaurantes donde podemos comer a precios justos y solidarios para todos. Relajarnos, ser felices, reírnos, compartir con amigos, todo en un solo lugar, no hay comparación. Sin embargo, la calidad de todas las hamburguesas ya no es igual. Y no exagero. El pésimo servicio de atención en las cajas, con colas de hasta una hora para despachar una simple ración de papas, me apena bastante.

La carne del Big Mac, la MagNífica, o el Cuarto de Libra con Queso ya no tienen la consistencia de antes, si no nos toca la suerte de que venga cruda. La sazón del McPollo, por no decir que sabe a plástico con harina, digamos que ya no tiene gusto. Las ensaladas hay que cazarlas desde que sale la lechuga del huerto hasta el restaurante porque no se consiguen. El tamaño de las hamburguesas se reduce cada vez más. Me pregunto si mis manos se están agrandando o necesito más aumento en los lentes.

¡Las papas…nuestra adorada tentación! Es preferible a veces que nos entreguen el tarro de aceite y freírlas en la mesa a como son entregadas ahora prácticamente sin escurrir, crudas o casi quemada, ¿es una prueba de resistencia a nuestra dentadura?

Las cajeras ya no regalan sonrisas –que antes eran gratis--, sino que casi muerden como dinosaurios a la par de los gerentes que ya lo hacen dentro de la jungla en la que se han transformado tus restaurantes. Lo que no sé es si pensar que a veces estoy en África por el calor, o en Siberia por el frío exagerado. ¡He encontrado de todo! Por cierto, la Cajita Feliz, ya no es tan feliz. Ahora tan grandes como una urna, repiten constantemente los juguetes, que más que dar risas, lo que causan es pena.

Espero sepas tomar en consideración alguna de las sugerencias que te he dado desde el fondo de mi estómago y corazón. Los venezolanos seguimos confiando en tus restaurantes para ir a reír, compartir y recordar los buenos momentos de la vida.

Un saludo de mi parte y de muchos indignados venezolanos 

Frank López Ballesteros

P.D. Leí un cartel que me dejó desquiciado: “McDonald una empresa venezolana comprometida con el país” ¿No eras de Estados Unidos, cuándo los nacionalizaron?

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