Un polémico censo 2011 en Venezuela

Caricatura de Rayma (23-08-2011) EU

Algo que omite el censo, y que sí es fundamental saberlo, es cuántas familias han perdido a uno de sus miembros por la violencia.

La poca credibilidad del Gobierno del presidente Hugo Chávez en lo que refiere al respeto de la propiedad privada me lleva a escribir estas líneas críticas pero también preocupantes sobre el censo que iniciará el 1 de septiembre el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Tal medición es fundamental para los países que buscan crear bases de datos para conocer la composición y necesidades de su sociedad. Ese recorrido por la amplia geografía de la nación, yendo casa por casa, es un hecho loable y desde el punto de vista estadístico, fundamental.

El censo venezolano se lleva haciendo desde 1876, y a lo largo de los últimos 125 años ha dado información clave para la construcción de las políticas públicas, pero esta vez, revisando el cuestionario del XIV Censo Nacional de Población y Vivienda 2011, y ante una fuerte polarización en la que el gobierno sigue amenazando y pidiendo a sus ministros “listas para expropiar”, temo que los resultados terminen por alimentar las ansias expropiadoras del gobierno.

Realmente no se necesita de un censo para conocer cuántas casas posee usted. La oficina de impuestos (El Seniat) le arroja toda esa información. En cambio, lo que sí es difícil para el Ejecutivo o sus entidades, es saber qué tiene usted de más en un país donde el propio Presidente llama la austeridad y critica que poseer dos televisores o dos carros es ambicioso y “peligroso”. Además, la “solidaridad” ya no debe ser un tanto voluntariosa sino más bien obligatoria.

El censo en cuestión tiene 68 preguntas e interroga, entre otras particularidades, sobre los bienes que usted tiene en su casa: cuántas neveras, lavadoras, cocinas, hornos. Además, cuántas habitaciones hay en las casas disponibles, cuántas personas habitan allí, sus sueldos, dónde trabaja, cuántos bienes a parte de su hogar posee extra –una casa en la playa, otra en la montaña--, preguntas muy tensas en la actual realidad venezolana.

A la defensa de la información suministrada, el INE ha garantizado una completa confiabilidad. La institución asegura que sería “imposible” cruzar datos, por ejemplo, en lo relacionado a las viviendas con cuartos desocupados o con equipos eléctricos de sobrantes, pero las revelaciones de la Lista Tascon han dejado un sabor amargo en lo que se refiere a la confiabilidad de los datos en Venezuela desde 2004.

Algo que omite el censo, y que sí es fundamental saberlo, es cuántas familias han perdido a uno de sus miembros por la violencia; cuántos han sido asesinados; cuántas mujeres, hombres o jóvenes quedaron desamparados porque la inseguridad les arrebató a uno de sus familiares. Una encuesta sobre la inseguridad no está implícita en el censo 2011.

Venezuela ha crecido: hasta ayer según el INE éramos 28.801.711 personas las que habitábamos esta tierra, un país muy distinto al que describió el censo de 2001 cuando 23.232.553 habitantes éramos testigos de un cambio de siglo y modelo político en el país. Frente a esta realidad tanto el INE, como el Gobierno, deben garantizar y volver a ratificar que este censo no será una cacería de brujas a la propiedad privada porque el fantasma de la expropiación deambula y asusta mucho en Venezuela.

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