Si Siria llegara a explotar


Partidarios de Al Assad manifiestan a favor del dictador sirio en Jordania (AP)

El balance de muertos en Siria crece a una velocidad desesperada, a la par de que en ese país los temores por una guerra civil se multiplican bajo el riesgo de que el mundo musulmán, sin excepciones, se vea arrastrado por ese conflicto.

Las revueltas árabes cumplieron un año. Las protestas sociales en Túnez que arrancaron en diciembre de 2010 contra el gobierno del ahora expresidente Zine el Abidine Ben Ali, se extendieron con fuerza a Egipto, Libia, Yemen, Bahrein y Siria.

A estas alturas, con más de 4.500 muertos en Siria según la ONU, el régimen de Bashar Al Assad se está fragmentado, y en un país con amplias minorías étnicas disgregadas por todo el territorio, la explosión definitiva de esta nación puede ser más peligrosa que todas las revoluciones civiles del último año en el mundo árabe.

Siria equilibra dentro a diversos estados, sectas y grupos étnicos del islam que en sus regiones se ven amenazadas o sencillamente allí se radicaron sin problemas. A la vez es el bastión de organizaciones armadas con amigos y enemigos en todo el Islam y Occidente.

Thomas Friedman, escritor y columnista de The New York Times sostenía que si estalla una guerra civil ahí, cada uno de los vecinos de Siria cultivará, y será cultivado por diferentes facciones sirias –suní, alauí, alaudí, kurdos, drusos, cristiano, proiranís, pro-Hezbolá, pro-palestinos, pro-saudíes–, para poder tratar de inclinarla a su dirección” y salir vencedora.

Friedman, un reconocido experto estadounidense en temas de Medio Oriente, acota que son muchas las naciones en la región, incluso enemigas, que tienen excesivos intereses a favor del orden y caos en Siria.

“Turquía, Líbano, el grupo shií Hezbolá, Irak, Irán, Hamás, Jordania, Arabia Saudí e Israel, tienen intereses vitales en cuanto a quién gobierna Damasco, y todos hallarán formas para asociarse con figuras en Siria para determinar el futuro de los acontecimientos”, acotaba Friedman.

Con una disputa cada vez más compleja entre la comunidad internacional e Irán por su programa nuclear, y la amenaza de una “guerra preventiva” para evitar armas atómicas en manos de Teherán, la explosición Siria terminaría por incendiar la región y desviar la atención de temas clave.

La influencia de Al Assad al interior de Siria se mide por su control en los círculos de inteligencia militar, los organismos de seguridad política, así como el ministerio de la Defensa: eso explica en gran medida el hecho de que desde hace nueve y hasta ayer se hayan reportado más de 4.500 civiles y militares muertos por balas o golpizas.

Por el aislamiento al que se le condenó por años, Damasco se acercó a Irán, sirvió como cuna militar a Hezbolá y aprovechó para flanquearse con aliados poco exigentes como Rusia, China Turquía y Venezuela.

Lo que ocurra en esta compleja nación es un recordatorio de lo que muchos expertos como Friedman ven como una lucha “multidimensional” por el poder en todo el Medio Oriente.

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