¿Por qué llega Henry Rangel Silva?


Foto/ABN
La designación de Henry Rangel Silva como ministro de Defensa no debe sorprender a nadie, mucho menos a los detractores del presidente Hugo Chávez. El hecho de que Estados Unidos considere –gracias a informaciones colombianas--, que el General en Jefe del Ejército tenga vínculos con el narcotráfico y las FARC, se sabe, que del todo, poco interesa a Chávez, pues retroalimenta su discurso y se torna más desafiante en un año electoral. ¿O todo lo contrario?

Que el General de todas las estrellas posibles maneje ahora el Ministerio de Defensa, en un primer momento puede resultarles incómodo a las autoridades colombianas, en un momento en que ambos países reconstruyen sus relaciones. Rangel Silva fue señalado de asistir materialmente en el tráfico de drogas de la guerrilla colombiana e “impulsó una mayor cooperación entre el Gobierno de Venezuela y las FARC”, según las acusaciones de Washington.

Desde 2008 el general Rangel, otrora jefe de la Disip, se convirtió en una figura muy cuestionada en el entorno policial y militar de inteligencia, pero intocable a los ojos de muchos uniformados por su cercanía a Chávez. Como todo militar de alto rango ganó fieles, y creó un círculo de amistades dentro y fuera del entorno castrense que, obviamente, sirven como una tarjeta de presentación para lo que sea. Llegar a ser el jefe del Comando Estratégico Operacional (CEO) le dio un poder casi omnímodo en las Fuerzas Armadas.

El hecho de que en 2008 el Departamento del Tesoro de Estados Unidos lo vinculara a negocios de droga con las FARC, y en 2011 el presunto narcotraficante Walid Makled “ratificara” su cercanía a los allegados del nuevo Ministro, agrava la situación. El ahora capo venezolano señaló a Rangel Silva de ser uno de los quince generales en la cúpula militar venezolana envuelto en tráfico de drogas que estaban en su nómina, y ese argumento, en parte, puede explicar su nombramiento como Ministro de la Defensa.

El presidente Chávez necesita mantener el país en orden y alejado de polémicas complejas en este año electoral. De ser cierta las acusaciones de Makled y Estados Unidos, el mandatario le urge a Rangel a que “recoja el rebaño suelto” a su “círculo enviciado”, restablezca el orden en casa ante tantas denuncias de corrupción, mafias y narcotráfico, cuando las elecciones son en nueve meses. Efecto también es distraer.

Mientras la polémica gira sobre si Rangel Silva es o no un aliado de los narcos, Chávez necesita amoldar el apoyo de los militares de cara al siete de octubre. Nadie mejor que su General en Jefe para esa compleja misión que comenzó en noviembre pasado siendo jefe del CEO, cuando dijo orgulloso que “la Fuerza Armada Nacional no tiene lealtades a medias sino completas hacia un pueblo, un proyecto de vida, y un Comandante en Jefe (el presidente de la República). Nos casamos con este proyecto de país”.

No es cierto que a Chávez “no le importa para nada” los comentarios y amenazas de Estados Unidos. Los cables de Wikileaks evidenciaron los minúsculos intentos del Palacio de Miraflores por una cortés sonrisa de su mayor socio comercial para descongelar las relaciones. El hecho de que en 2008, días antes de conocerse la inclusión del entonces ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín en la lista de narcotraficantes activos de EEUU, Chávez le pidiera su renuncia, muestra hasta donde Venezuela le da importancia a lo que se aplica desde Washington.

Por lo pronto, el nombre y la historia de Rangel Silva se incorpora al de ministros en países con democracias frágiles considerados como “mafiosos, narcotraficantes o terroristas”, no solo por Estados Unidos sino la Unión Europea. Son los casos de los de Sudán, Corea del Norte, Zimbabwe o Irán. Por ejemplo, Argentina tiene vigentes órdenes de arresto internacionales para el ministro de Defensa iraní Ahmad Vahidi por sospechas de participar en un ataque con bomba a la mutual judía en Buenos Aires en 1994, que mató a 85 personas.

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