Cuando el amor es verdadero amor



El amor es una cuestión demasiado compleja. Muchos incluso se enervan cuando se utiliza el término “cuestión”. No, no lo es, realmente, no debe llamarse así, más bien es un don, una gracia y una bendición. Porque amar va más allá de muchas pruebas y saltos, implica diferencias, pesos y valores. La prueba más grande del ser humano es darse cuanta cuándo el amor es verdadero amor.

¿Cuántos grafitis no vemos en las calles dedicados al amor? ¿Cuántos corazones no vemos dibujados en las avenidas, las paredes y asientos del autobús? Muchísimos. A los ocho años de edad ya hay niñas y niños que expresan abiertamente un “te amo”. Y hay que creerles. Porque a esa edad se dicen las cosas que se sienten, sin prejuicios ni malas intenciones. Se ofrece lo que se conoce y sabe que es especial y bueno: amar.

Y es que amar es bastante difícil. Se ama a la mujer, al hombre, al animal, al amigo, a las cosas, pero cada uno a su manera, es la inteligencia del “amor”. Es tan liberal el amor que termina siendo autónomo, perverso, obsesivo, compulsivo, y, quizá, la enfermedad más compleja de la que nadie puede escapar y tampoco quiere.

"El beso" de Robert Doisneau

Si a estas alturas de la vida nos preguntáramos a quiénes queremos y amamos realmente, la lista de resultados sería muy larga y plagada de injusticias. Peor aún si indagamos las razones de ese amor. Hay que dejarlo hasta allí.


Cuando triunfan las desilusiones le preguntamos al amor la razón de ello. Y él responde: “yo no soy el responsable, eres tú”. Y así es él, desinhibido, tosco y ciego, manco y altanero. Deambula como alma en pena y cae sobre la persona menos esperada. Tiene que ser así, porque el amor dirigido no sirve ni servirá jamás.

El cuerpo está construido para amar. Cuando este proceso comienza a desencadenarse hay electricidad, se producen descargas neuronales y hay química, las hormonas se activan y envisten entre sí, copulan prácticamente. La feniletilamina por ejemplo, una amina aromática, está asociada al proceso de amar, según los científicos. Incluso se halla en el chocolate. No es raro entonces el hecho de que regalar este dulce tenga un significado sentimental. Pero algunos creen que la producción de esa sustancia en el cerebro puede desencadenarse por simples miradas, un roce, una conversación, al grado de que se teoriza que una persona enamorada tiene grandes cantidades de  feniletilamina. Ni hablar entonces de la oxitocina, dopamina, finilananina o la endorfina.

Una gratis dedicado al amor
No dejaré de pensar que la mejor solución para la crisis de odio en la humanidad radica en pequeñas dosis cutáneas de amor puro. No habría guerras, hambrunas, matanzas colectivas, genocidios o violaciones. Los laboratorios deberían emprender grandes esfuerzos para generar una vacuna contra las penosas enfermedades que son la indiferencia y la perfidia, así como cuando se desatan epidemias globales que arriesgan el curso del planeta y todos los gobiernos se apresuran a buscar soluciones, a crear bancos de reservas. Si hay las sustancias para esto, ¿por qué no vacunar a la especie humana de amor puro?

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