Los rostros de Fidel se borran de Cuba



La primera parte de este reportaje fue publicado en el diario El Universal el 23 de abril de 2012.

La Habana.- Quieran o no, todavía a Fidel Castro se le consulta de manera sistemática asuntos de primer orden y de importancia estratégica sobre la política en Cuba, lo que no implica que su imagen en la isla se esté desvaneciendo, y de la figura de "Atlante" del viejo dictador apenas quede algo en calles y avenidas.

En ese proceso de cambios que se vive en Cuba desde 2006, cuando Fidel cedió el poder de forma temporal a su hermano Raúl, recientemente el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, aclaraba lo que para muchos es obvio: “A Fidel se le da la bienvenida a sus opiniones sobre cuestiones de importancia estratégica. No participa en las reuniones… pero cuando se trata de cuestiones de primer orden, se le consulta de manera sistemática", afirmaba el político en una entrevista en abril con el diario digital World.
 En 2003 la figura incólume de Fidel inundaba las calles de La Habana y cuanta provincia, ciudad o pueblo tiene Cuba. La imagen del comandante estaba en todo.

En 2008, alejado del poder, su figura ensalzada en pancartas con frases retóricas y patrióticas comenzaba a escasear. Y ahora en 2012, si acaso en una esquina o avenida se percibe el rostro del viejo líder, porque su presencia se ha ido desmontando en la Cuba de Raúl Castro.


El culto al castrismo, es decir, a la figura de Fidel Castro como deidad político-humana y sobrenatural para muchos cubanos, fue parte de la política personalista que el régimen de la isla vendió desde el triunfó la revolución en 1959, con el fin de perpetuar al líder comunista como único e insustituible.

Lo común ahora es ver en las vallas o en murales en las paredes los rostros de los dos hermanos, juntos, flanqueados por una bandera cubana, alguna frase patriótica de Fidel o un prócer de la independencia.

Una gama de políticos, quizá por mesianismo, tienen una excesiva pasión y necesidad por exacerbar su imagen y proyectarse, de eso obtienen rédito, de eso viven. A Raúl sin embargo no parece importarle mucho esto, pero ha tomado sus previsiones porque reconoce el peso que sigue teniendo su hermano.



"Estamos viviendo un proceso adaptación. Ya no es Fidel con el 'Che' Guevara, Camilo Cienfuegos o Barbarroja, es con Raúl. El 'Guía Supremo' que orienta en el trasfondo la revolución", explica una persona cercana a uno de los líderes históricos de la revolución.

Raúl Castro, desde que sustituyó en el mando en 2006 a su hermano enfermo, aplicó pragmáticas medidas para superar la crisis económica de la isla, lo que fue acompañado por una purga de fidelistas que despertó el malestar de los más ortodoxos reacios a las reformas.

"Raúl para muchos cubanos es uno más del aparato, por eso era necesario vincular su figura a Fidel. Si no lo hacía, al menos públicamente, podía generar rechazo. Pero en muchos lugares donde estaban las vallas de Fidel hay árboles sembrados o simplemente nada, su era está pasando", acota la fuente.

Borrar la historia personal
La adhesión al fidelismo raso se sigue viendo al interior de Cuba, en pueblos y provincias donde los turista extranjeros no llegan y el aparato propagandístico es inquebrantable.

Es allí donde todavía quedan vestigios de ese culto a Fidel.

"Hace dos meses (en febrero) quitaron unos murales donde estaba Fidel con Barbarroja -líder de la revolución-, y pintaron uno de Fidel y Raúl. El otro no lo terminaron", recuerda Ramiro Gómez, un campesino de la provincia de Pinar del Río, a 170 km de La Habana.

En la carretera que conduce a las entrañas de esa provincia, la más occidente de la isla y viejo feudo castrista, se observan varias vallas con fragmentos de discursos de un Fidel trajeado con uniforme militar. La novedad es que ahora están las de Raúl con referencias a sus discursos transformadores.

"Ésta es nueva, ésta no, ésta tampoco es nueva y aquella la pintaron para Raúl el año pasado", dice Ramiro señalando los carteles en la carretera.



En algunos ministerios y entes públicos ahora están las estampas de ambos Castro, o simplemente las del expresidente como un recuerdo latente de que tras los cambios, el comandante sigue allí presente.

Fidel nunca fue dado a elogiar los logros de su hermano, y él por su parte nunca tuvo el apremio por conseguir gloria.

Para muchos, Raúl se siente más cómodo entre bastidores, donde se hacen evidentes sus capacidades como líder, pero sin el carisma de su hermano. Al menos para convencer, por ahora una imagen con Fidel le vale más que mil palabras.

Alarcón, uno de esos viejos guardianes del castrismo, dejaba por sentado lo que muchos saben y repiten, pero en tiempos de cambios es "bueno" recordarle a muchos: "Fidel... sigue siendo Fidel Castro, el líder histórico de la Revolución; la persona que nos llevó a la victoria sobre Batista. Él sigue siendo el principal artífice de la resistencia a los Estados Unidos durante el último medio siglo. Por lo tanto, su opinión es, lógicamente, de especial importancia en todas las cuestiones estratégicas".


 

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