Venezuela: prueba de fuego para el Mercosur



El ingreso de Venezuela al Mercosur debe enfocarse en dos ángulos muy interrelacionados, el económico y político. Sobre el primero, hay que tomar en cuenta la realidad de los mercados de cada una de las naciones miembros del bloque frente Caracas para saber si el país acaba de ganarse el “gordo” o definitivamente se acerca a la claudicación de su sector privado. Ambos aspectos lucen desconcertantes.

El Gobierno del presidente Hugo Chávez acaba de entrar a un bloque exigente en lo que se refiere al comercio y los negocios, y que indiscutiblemente tiene que hablar el lenguaje del libre mercado, los capitales y el liberalismo para entenderse con sus socios y la competencia.

Por otro lado, las cláusulas democráticas del Mercosur lucen como una piedra angular inquebrantables para fortalecer las economías del bloque. La incógnita es si estos estados miembros usarán su influencia para frenar el retroceso de las libertades políticas, económicas y sociales de Venezuela con el fin de preservar esos estándares democráticos que pregonan. Luce difícil.

No lo hicieron con Venezuela a la distancia del Mercosur, ni como exigencia para que ingresara al mercado, ahora menos. Simplemente lo aprobaron, y en nombre del respecto a la soberanía administran ese término para guardar distancias, aunque el caso paraguayo demostró lo contrario.

El Mercado Común del Sur (Mercosur) entra con Chávez es un difícil juego de intereses y roles. Venezuela querrá darle un toque ideológico a esta alianza económica regional, queriéndola usar como un bloque antiimperialista y anticapitalista cuando es todo lo contrario, el gran capital es su motor, y es allí donde el Palacio de Miraflores buscará imponer sus visiones de Estado superpoderoso y rector del todo en cada uno de los pasos de la alianza conformada por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Las contradicciones de Venezuela se verán ahora más reforzadas. En 2005 Caracas abandona la Comunidad Andina de Naciones (CAN) porque sus socios se aprestaban a rubricar Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos.

Mercosur hoy analiza la firma de un pacto similar con China, la segunda mayor economía “capitalista” del mundo, además de avanzar con otro tratado idéntico con la Unión Europea. ¿Venezuela hará sentir su voz para frenar esto, permitirá que el libre mercado inunde los anaqueles de Caracas, Barinas o Apure?


Venezuela ingresa al Mercosur con una monumental desventaja desde el punto de vista comercial. El control de cambio mantiene a las empresas nacionales asfixiadas. La producción nacional apenas alcanza para satisfacer el mercado interno, a expensas de que el Gobierno importa a estas alturas el 65% de los alimentos que se consumen.

Además, el Ejecutivo no preparó el terreno del mercado venezolano para hacerlo competitivo bajo el argumento de que ese concepto capitalista destruye las vías para la construcción del socialismo del siglo XXI. Venezuela tendrá cuatro años para adaptarse a las normativas del bloque, un tiempo suficiente para conocer cómo trabajar en un mercado común.

Por solo referir una realidad, Brasil inició 2012 con una Inversión Extranjera Directa (IED) de 5.433 millones de dólares en enero (contra 2.953 millones del mismo mes en 2011), como informaba su Banco Central. En total, el año pasado este verdadero gigante alcanzó un récord de 66.660 millones de dólares de inversores foráneos que ven en ese país un camino de progreso.

Tanto las empresas brasileñas, argentinas, uruguayas y paraguayas, se ven beneficiadas de planes de inversión y financiamiento incentivadas por sus estados para elevar su productividad y exportar.

Por el contrario, en Venezuela, el Gobierno acelera el proceso de nacionalización de industrias clave con la que busca regir los destinos de la economía nacional y percibe al empresariado como un "enemigo burgués" dando mayores beneficios al mercado externo, una buena razón para que el Mercosur vea a Venezuela como un “destino atractivo”.

El país se hace socio de un selecto club de amigos competidores que trabajan con fuerza dentro de sus naciones para exportar productos de máxima calidad, y como el tiburón, esperan a su presa para ir al ataque.

Será interesante ver cómo en los próximos meses los viejos socios del Mercosur equilibran o adaptan sus reglas al proyecto político y económico socialista venezolano, y si están dispuestos a claudicar en algunos de sus principios solo por vender y vender en nombre de la unidad e integración suramericana.



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