Las razones del apoyo ruso a Siria


El presidente ruso, Vladimir Putin (AP)

Las exacerbadas odas de Rusia a favor del régimen sirio se sustenta en tres pilares clave, entre lo económico y social, que ayudan a comprender la razón que ha llevado a Moscú a jugarse toda su credibilidad y capital en el mundo árabe y musulmán con tal de mantener en pie, hasta donde sea necesario, al Gobierno del presidente Bashar Al Assad.

El dictador sirio ha conseguido con Rusia un escudo protector en todos los escenarios posibles, pero algunos sostienen que esa política se está comenzando a corroer con el tiempo, a pesar de que a 16 meses del inicio de las protestas, el estamento político ruso, testigo de las matanzas entre rebeldes y el Ejército sirio, se muestra más reacio a sucumbir a las presiones de la Comunidad Internacional.


Lo político y diplomático

Siria le dio la oportunidad a Rusia de decir bien en alto no; no a la intervención de las grandes potencias occidentales y a sus intereses económicos escudados en la emocional categoría de “revolución” donde ella tiene cabida.

Rusia no puede pedirle en público a Al Assad que renuncie, debido a que eso crearía “un precedente  muy serio para cualquiera que no sienta agrado por su gobierno”,  decía al The New York Times, Leonid Medvedko, quien cubrió Siria para Pravda, el antiguo diario de la Unión Soviética (URSS). El argumento ha sido encuadrado como una cuestión de honor, dificultando que se reduzca su intensidad con el pasar de los días.

“El Kremlin no se puede permitir que se establezca este precedente, porque ahora no les gusta Al Assad, después quizá no les caiga bien alguien en Líbano. Ya hemos visto cómo no les agradaba alguien en Libia: vimos la suerte de Muamar Gadafi”, remataba  Medvedko.

Lo militar y estratégico

Siria ha sido desde hace dos décadas un importante comprador de material bélico ruso. Con inversiones que superaron los 1.000 millones de dólares solo en 2011, Al Assad se ha convertido en un importante socio para esta potencia, por lo que mantener estos vínculos es vital para ambas partes. Pero, además del negocio bélico, la relación entre Moscú y Damasco pasa por una unión histórica en los tiempos de la Unión Soviética, que si cae Al Assad, podrían verse rotos.

Rusia desea mantener el uso de la base naval del puerto de Tartus, en Siria, el último bastión de la URSS fuera de sus fronteras en el mundo árabe. Tartus, como reseñaba la BBC y citaba The Huffington post, “es más un punto de suministro que una verdadera instalación militar para albergar un gran destacamento de manera permanente”. Sin embargo, es estratégicamente importante en una zona de fuerte presencia estadounidense donde Rusia ha visto incrementado su presencia con inversiones en Irán, Chipre y Omán.

Nexos sociales históricos. 

A medida que el conflicto en Siria continúa prolongándose, el pasado entre Moscú y Damasco aflora con fuerza. Durante el período de la Guerra Fría una buena parte de la comunidad rusa se asentó en Siria en busca de una salida a la represión del estalinismo y los sucesivos regímenes. Se estima que 30.000 ciudadanos rusos viven allá, en su mayoría mujeres y niños, con base a datos de un funcionario ruso que se los suministró a The New York Times. 

Muchas de estas personas están emparentadas con ucranianos, bielorrusos, y moldavos, viejos satélites de la URSS que inmediatamente, estallada una guerra real, presionarían a Putin para imponer su peso y salvar a sus nacionales. Esto es un tema que Moscú ya enfrentó antes en Medio Oriente cuando el colapso de los gobiernos aliados con los soviéticos dejó varado a ciudadanos rusos, recordaba el diario.

Frente a todo eso, es Moscú, no la Casa Blanca, clave en este conflicto. Como dijo el experto en Medio Oriente Volker Perthes, responsable del Instituto Alemán de Seguridad Internacional en Berlín: "Difícilmente Al Assad se sienta genuinamente aislado, hasta el momento en que Moscú le diga que el juego terminó y que sólo una salida negociada les garantizará la seguridad a él y a sus partidarios", aseguraba Bernd Debusmann de Reuters.  

El presidente sirio, Bashar Al Assad (Efe)

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