Hollywood se inspira en las tensiones con Irán


Ben Affleck en "Argo" camina frente a un retrato del Ayatolá Jomeini
La influencia de Hollywood y lo que representa como industria cultural del entretenimiento global ha servido desde su existencia, y según el criterio de sus directores, para justificar acciones, reclamar hechos o imponer puntos de vistas y líneas de pensamientos frente a determinados sucesos de la historia en nombre del entretenimiento. El cine es para muchos la única fuente de referencia creíble y una real arma política. 
Se viene asistiendo en estos últimos años a la transformación de las prioridades de Hollywood en cuanto a su temática. Si durante cuatro décadas el combate ideológico –o satanización del comunismo soviético-- fue la fuente de inspiración cultural para los directores de todo el mundo, el terrorismo, la amenaza nuclear y las bombas atómicas se están convirtiendo en los nuevos elíxires a la hora de vender cine. Y es que Hollywood no es antipolítico.
El cine estadounidense suele responder a posiciones políticas frente a determinados temas. De allí que la ideología de sus directores no está exenta de críticas, y como en una sociedad libre –la del cine-, el que consigue el dinero saca su película, la cosa es menos pavorosa. 

El presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad visitando una planta nuclear de su país (AFP)
Si se toman en cuenta algunas producciones cinematográficas del último lustro, Hollywood, y en sí la industria del cine global, viene dedicando buena parte de sus cintas a propagar visiones críticas y hasta demonizar sobre Irán y lo que hoy representa para Occidente.
Las potencias occidentales encaran una real batalla política para evitar que la República Islámica de Irán se dote de armamento atómico. Esto es peligroso, no hay duda. La inestabilidad de la región en la que se encuentra ese país eleva las tensiones y la amenaza de "borrar a Israel del mapa" en un acalorado odio entre naciones, alimenta las reservas. Bien supo interpretar Batman, el caballero de la noche esa realidad, donde la posesión de un arma atómica y su posterior control por parte de los "buenos" era el gran desafío.


Teherán ha demostrado escasa o nula transparencia en el desarrollo de su programa nuclear y el hecho de que Estados Unidos considere a Irán su enemigo jurado, algo que los teócratas persas les causa satisfacción, engorda las tensiones. Pero es la naturaleza antioccidental que proyecta Irán la que aviva ese temor receloso.

Argo, dirigida por Ben Afflleck, se coronó con el Oscar a la mejor película del año. Eso es un hecho del que pocos dudaban y el clima político lo propicia. El filme es una interpretación de un agente de la CIA en el histórico rescate de seis diplomáticos estadounidenses, durante los primeros meses de la crisis de los rehenes en Irán, en 1979, cuando cientos de iraníes tomaron la embajada de Estados Unidos en Teherán tras la caída del Sha, Reza Palevi, avalados por el recién entronado régimen del ayatolá Ruholá Jomeini. 
La trama de la película --sensible para la sociedad estadounidense y el patriotismo de esta nación, en momentos de declaraciones incendiarias y amenazas de guerra con Irán--, es el último ensayo en una cruzada que busca madurar la tesis de que la República Islámica es un “elemento hostil” para la paz universal, de que todo lo que representa ese país es catastrófico, dañino, peligroso, estentóreo y feo.  Por ello, las medidas que se tomen serán siempre las "justas". 
Argo se suma, entonces, a la compleja saga de filmes dedicados a “Irán” que en menos de un lustro llegan a la gran pantalla con expectación, un excéntrico mercadeo de sus productoras y con el espaldarazo político-cultural de diversos gobiernos occidentales (el filme 300 y Persépolis, son otras dos grandes producciones dedicas a la incordia Irán). Así, la también premiada por el Oscar como mejor película extranjera en 2012, Una Separación, es un fiel relato de esa lucha social en Irán por abandonar una nación misógina en la que una pareja lucha entre progresar en la grisácea Teherán o huir al extranjero "mundano, pagano". 
Una muestra de la película "Persépolis"
Si en los tiempos de la Guerra de Vietnam se engrandeció el patriotismo estadounidense para reflejar una batalla del mal contra el bien en pleno período de la Guerra Fría, lo ocurrido en estos tiempos tras la caída del Muro de Berlín (1989), la disolución de la Unión Soviética (1991), y ahora las guerras de Irak y Afganistán, que Irán entre en el plató del interés fílmico estadounidense con tanta fuerza no hace más que reforzar la tesis porque la República Islámica sea percibida como una real amenaza universal para, de esa forma, hacer lo necesario en nombre de algo ¿el qué? Está por verse.    

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