La propaganda venezolana versus la propaganda Norcoreana



Endiosar al líder para hacer de su pueblo un rebaño. Ese es el fin. “El amado líder”. “El líder supremo”. “El máximo comandante”. “El libertador de los pobres”. “El verdadero hijo de Bolívar”. Eufemismos que peligrosamente están calando en una campaña presidencial que más que asegurar cuotas de poder apuestan a crear una leyenda divina de uniforme trascendental que se apuesta a que sea una franquicia global. Al menos una Corea del Norte caribeña.

Quienes dirigen la campaña de Nicolás Maduro para la presidencia toman viejas fórmulas de la propaganda comunista, dígase también, populista. El chavismo reedita la antigua estrategia de adoctrinamiento simbólico por el que los norcoreanos, por ejemplo, se sienten dominados por sus “amados líderes” desde hace medio siglo. Una síntesis gráfica que hace de estas propagandas una materia de estudio político. 


Imagen de Kim Jong Il
Demostrar la sacralidad de Chávez, un mortal más, pecador como tantos otros –y bastante que lo reconocía--, era desde 2012 una meta de los arquitectos de su campaña por la reelección de octubre, la mayoría de ellos brasileros, que ante lo exagerada que se presentaba aquella mitificación decidieron engavetar parte del material. Pero ha llegado la hora de aprovecharlo.    


El objetivo de divinizar al entonces presidente-candidato con aquellas imágenes con fondos de nubes del tricolor patrio y una sonrisa nívea como en cielo; el Chávez galopando en la sabana con los campesinos en señal de liberación; el Chávez caricaturesco lleno de amor, e incluso ahora un Hugo Chávez en un supuesto Edén con próceres, políticos y hasta guerrilleros comunistas, dice mucho de ese objetivo de pureza e intachable.


Los colores patrios, las “epopeyas” de la revolución bolivariana (las nacionalizaciones, el golpe de estado, el paro petrolero, las sucesivas victorias electorales) con recuerdos de un líder lleno de vida y fuerza, carismático y cercano al pueblo, son en estos momentos la plataforma para que un Maduro sin mucho rédito gane a merced de un Dios utópico.



Se está capitalizando, ahora, solamente, la capacidad de carisma del mentor Chávez porque su capacidad gestora es obvia que hasta para ellos no sirve para nada. Lo único que los mantiene es la percepción de que por lo menos tienen a uno ''de los suyos'' en el poder.


Todo este aparato comunicacional y propagandístico no está nada alejado de los patrones de la dictatorial Corea del Norte de la familia Kim. Para ese régimen nepotista justificar la magnanimidad seudoreliogiosa de sus líderes ha sido instrumento para mantener el control sobre sus ciudadanos.

Propaganda de Vive TV, que muestra a Chávez llegando al cielo
Significa, por ende, que todo aquel que vaya en contra de él o de ellos irá contra Dios, un ser superior --en Corea del Norte--, que declara guerras y justifica la hambruna en nombre de la ideología.

Esa propaganda ofrece a sus líderes como los héroes de las batallas y a su pueblo como los resistidos vencedores, los hombres y mujeres con patria libre. Al líder lleno de amor y cercano a su pueblo. Presenta a la ciudadanía como los amenazados ante el odio imperialista en un régimen bondadoso que solo se defiende. No apela a la unidad global, muy al contrario, es una propaganda individualista que aflora la generosidad de la naturaleza hacia el país donde “el amado líder” es capaz de regir esos destinos.



Una muestra de ese culto lo da la literatura norcoreana. Según esta, Kim Jong Il nació el 16 de febrero de 1942 en una cabaña de madera en el interior de una base secreta en la montaña de Paekdu. En el momento de su nacimiento, una estrella brillante iluminó el cielo, las estaciones cambiaron de forma espontánea del invierno a la primavera, y el arco iris apareció.


Con un Chávez en los altares de la feligresía política criolla, al futuro gobierno de Nicolás Maduro se le hará más viable avanzar en sus propuestas y acciones en nombre de esa autoridad superior a la que no se debe contrariar o criticar. Los designios de un Chávez muerto serán interpretados a la luz de cada obra, cada discurso, nunca un fracaso por como en Norcorea “el amado líder nunca se equivoca”. Bien lo dijo Maduro, “el comandante nos dejó todo ordenado”.  


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