La tarea de anunciar la muerte de un líder



Norcoreanos rinden honores a Kim Jong Il el 20 de diciembre de 2011
Cuando fue asesinado el defensor de los derechos humanos Martin Luther King, Jr., a manos de un segregacionista blanco, el 4 de abril de 1968, la noticia fue un duro golpe para el senador estadounidense Robert F. Kennedy, quien tuvo que dar el discurso ante el mundo que confirmaba esta penosa tragedia.

Para Kennedy, quien casi cinco años antes había perdido a su hermano tras un asesinato, el entonces presidente John F. Kennedy, la noticia significó un compromiso enorme ante la coyuntura que vivía Estados Unidos para ese entonces y la responsabilidad de estar buscando la nominación del Partido Demócrata para las presidenciales.


Fue tras llegar a Indianápolis a donde concurría para seguir su campañas que parado en un podio ubicado en un camión, Robert Kennedy habló por exactamente cuatro minutos y cincuenta y siete segundos ante el mundo para anunciar que Luther King, Jr. había dejado de respirar. Agradeció su legado, leyó un poema de Esquilo y afligido bajó de la tarima.

"Con gran dolor"
En un instante las pantallas de televisión argentina comenzaron a mostrar el gabinete de gobierno en pleno. La radio dejó de transmitir su música habitual y la gente se sintió extrañada. Era un lunes 1º de julio de 1974.

A las 14:10 de la tarde de ese día, María Estela Martínez de Perón, esposa del presidente Juan Domingo Perón y Vicepresidenta de la nación, anuncia a todo el país el fallecimiento del militar. Martínez de Perón se veía afligida. Las cámaras la mostraban rodeada de políticos leales, ministros y militares. Con voz quebrada expuso al mundo: “con gran dolor, debo transmitir al pueblo el fallecimiento de un verdadero apóstol de la paz y no violencia…”.

Poco después se conocía el parte médico oficial de voz de tres galenos que atendieron al mandatario. Ante las cámaras de televisión revelaron que Perón había sufrido días antes una cardiopatía isquémica crónica con insuficiencia cardíaca.



“El día 1º de julio, a las 10.25, se produjo un paro cardíaco del que se logró reanimarlo, para luego repetirse el paro sin obtener éxito todos los medios de reanimación de que actualmente la medicina dispone. El teniente general Juan Domingo Perón falleció a las 13.15”, expresaron los médicos.

Su velatorio duró 48 horas, del dos al cuatro de julio, como relata el libro “Perón. El hombre, el líder”. Su cuerpo primero estuvo en la residencia presidente de Olivos, en Buenos Aires, luego en la Catedral Metropolitana y por último fue llevado al Congreso, donde los argentinos acudieron a darle el último adiós.

“Adiós a la jefa”
Para los argentinos la muerte del general Perón fue dolorosa, pero el fallecimiento 22 años atrás de su segunda esposa Eva Duarte, conmocionó al mundo de la izquierda. El 26 de julio de 1952, a las 20:25, se comunicó el fallecimiento de la llamada “jefa espiritual de la Nación” y Primera Dama de la República. “Evita” fue para muchos una figura mítica del peronismo. Murió como consecuencia de un cáncer de cuello uterino, con tan sólo 33 años.

La música como duelo
El 10 de noviembre era la fiesta de la Policía soviética. Por la noche en el palacio de congresos del Kremlin debía celebrarse un concierto con la actuación de estrellas soviéticas del momento. Súbitamente la presentación se canceló. A los televidentes se les ofreció el ballet “El lago de los cisnes”.

El día 11 de noviembre en la televisión abundaban las películas patrióticas sobre bolcheviques revolucionarios. Las personas de edad recordaron en seguida los programas de radio con música triste en marzo de 1953, cuando murió el líder soviético Joseph Stalin. “Algo le ha ocurrido a Leonid Brezhnev”, comentaba la gente, según relata la “Rusopedia”, una web sobre temas rusos vinculados a la agencia estatal de noticias RIA Novosti.



Esa noche en el principal noticiero de la televisión soviética se leyó el comunicado oficial con la confirmación del fallecimiento del secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y presidente del Presídium del Soviet Supremo de la Unión Soviética (URSS).

Las lágrimas como presagio
La muerte del dictador norcoreano Kim Jong Il, fue dada a conocer entre lágrimas por una presentadora de la televisión. “El amado líder”, como llamaban al dirigente comunista, murió de un infarto el 17 de diciembre de 2011, aunque la noticia no fue anunciada hasta dos días después.

Desde aquel momento la Agencia Central de Noticias de Corea (KCNA) pidió a los ciudadanos del país unirse en filas a favor del hijo y previsto heredero del dictador, Kim Jong Un. Lo que vino luego fue una muestra del “ferviente amor” de los ciudadanos por el dictador, mostrando a la gente llorando inconsolablemente.


El Gobierno declaró luto nacional del 17 al 29 de diciembre. Los restos de Kim Jong Il fueron expuestos en el Palacio Kumsusan, donde se recibirán las condolencias de los ciudadanos.

Una ceremonia solemne de despedida se celebró el día 28 y el 29. Todas las administraciones, instituciones y empresas del país realizaron servicios de recuerdo al líder. No obstante, el régimen de Pyongyang no admitió delegaciones extranjeras de condolencias.

"¡Viva España!"
En la televisión española se anuncia que el entonces presidente del Gobierno, don Carlos Arias Navarro, hablará ante todos. Es 20 de noviembre de 1975.

En ese instante, con el rostro compungido, Arias Navarro enmudece para luego soltar “Españoles… Franco ha muerto”. Tras alabanzas y glorias recordando la historia del viejo general, muy emocionado, Arias lee el testamento político del dictador antes de proferir con voz quebrada un ¡Viva España!


La muerte del general Francisco Franco, que gobernó España durante 36 años con mano férrea, desató llantos de dolor y alegría, en una nación que tuvo que acudir por pasión, obligación y curiosidad a una fastuosa ceremonia de velación que exaltaba la egolatría del viejo caudillo. Inmensas colas se formaron para darle último adiós, cuya capilla ardiente fue instaurada en la sala de Columnas del Palacio de Oriente, en Madrid.

La muerte del dictador a los 83 años se produjo tras una larga agonía por una enfermedad cardiaca. Fue sepultado en el Valle de los Caídos, un monumento construido en honor a los combatientes de la Guerra Civil española. A las exequias sólo asistieron tres jefes de Estado: el príncipe Rainiero de Mónaco, el rey Hussein de Jordania y el general Augusto Pinochet de Chile.

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