La muerte y justicia del cerdo



La Fiscalía General de Venezuela logró justicia. La imprevista muerte de un cerdo por los mordiscos de un perro mestizo salvaje se saldó con una pena de quince días de arresto para los dueños del canino, en el estado Apure. Los dolientes del mamífero ahora descansan tranquilamente, orgullosos, de que en su país la ley se hizo para cumplir.

El pobre cerdo, junto a otro de sus parientes, se vio indefenso cuando esta fiera salvaje brincó sobre él causándole la muerte por la magnitud de las heridas. Ahora, el puerco sobreviviente, no podrá crecer en la hondura de su granja rodeado por sus seres queridos ante el temor de algo similar pueda ocurrir de nuevo. De alguna forma, quizá, el noble animal iba a ser el plato principal de la cena navideña de sus deudos. Pero el Gobierno hizo justicia en su nombre.


Del cerdo, todas sus partes son comestibles, lomos y postas, perniles, patas y rodillas, intestinos, hígado, cabeza, riñones y sesos: la carne se destina también para embutidos, y con ella se prepara todo tipo de comidas suculentas. La de los humanos es poco útil para estos menesteres, por eso, quizá, la justicia tarda en llegar para esta especie.

De su grasa, adherida al cuero, sale el tocino, que proporciona manteca; la piel frita y cortada en trozos da los chicharrones ¡Qué rico los chicharrones! Y es apetecido, bien frito, el cartílago de la cola. Por esta razón, también, la Fiscalía se enorgullece de presentar la celeridad con que se resolvió el caso como un logro contundente de la justicia venezolana.

Si el cuero del cerdo se libra de ser comido, es muy apreciado para la fabricación de zapatos, bolsos, carteras, billeteras, muebles, cinturones. El pelo, muy duro, se utiliza en la fabricación de cepillos. El cerdo da para todo, sirve para muchas cosas, y al contrario de las personas, puede alimentar a familias enteras durante semanas.

El hecho de que el Ministerio Público se enorgullezca de exaltar que los culpables indirectos de la muerte del pobre cerdo paguen culpa, porque en el país la justicia existe hasta para los animales, resulta una burla indirecta, aunque no intencional, frente a las cientos de miles de denuncias por asesinatos que inundan los despachos del Ministerio Público.

La triste historia del cerdo apureño ilustra la realidad macondiana del país, donde hasta el primer semestre de 2013 fueron ingresados más de 2.800 cadáveres en la morgue de Bello Monte, la mayoría con impactos de bala. Sobre la memoria del cerdo se hizo justicia, que esperar ahora que sobre miles de venezolanos se haga cumplir la ley y la impunidad no reine. 

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