¿Y los que se quedan en Venezuela qué?

Aeropuerto Simón Bolívar (Maiquetía, Edo. Vargas) 

Es literal. Muchos jóvenes y familias se están yendo de Venezuela. No todo el mundo, pero sí “su mundo” que rodea a miles de venezolanos, hastiados de la realidad invariable que agobia a todos. “Ellos”, los que se van, no es que detesten la tierra que los vio nacer, tienen sentimientos encontrados, quieren sobre todo sobrevivir. ¿Pero y los que se están quedando? ¿Son valientes, son cobardes, ciegos?

La acelerada emigración de venezolanos es un fenómeno poco normal como sociedad. El venezolano no se va de su país como suele ocurrir en naciones en las que determinadas crisis aceleraron la salida de sus ciudadanos. España, Portugal, Colombia, Perú son referentes de ese ejemplo como demuestra la historia. Creo que una de las razones es porque el venezolano ha estado acostumbrando a vivir en crisis. Y las crisis fueron llevaderas. 


¿Y esta crisis es menos llevadera, más fuerte que las anteriores? Parece que sí. Porque la crisis no es solo económica, con una inflación de 60% en 2013 y cerca de 25.000 homicidios, la crisis es social, moral y estructural. La desvalorización del más pequeño de los principios es lo que espanta a la gente, y como la Biblia que habló del Arca de Noé para salvar a las especies, muchos ahora se van en un avión para salvar la suya.

A una parte del país le interesa que se acelere la emigración de venezolanos profesionales, políglotas, empresarios, médicos, abogados, que se vayan todos, y mejor si  son opositores. Son una carga simbólica que hace mucho daño al interior del Gobierno por sus ideas, proyectos y discursos. Quienes guardan en secreto el proyecto de Estado Comunista para Venezuela le es imperioso que los “no alienados” se marchen cuanto antes. Requieren con urgencia validar el título de "apátridas". 

Los asesores cubanos imaginaron que desnudado el proyecto chavista a partir de 1999 masas de opositores se irían del país, como ocurrió recién consumada la revolución de Fidel Castro en 1959, cuando dos años después, cerca de medio millón de personas, la mayoría empresarios, inversionistas, clase media, huyó hacia el extranjero dejando sus propiedades y legados en manos inciertas con tal de salvarse. ¿Fue eso una opción valiente? Cuba y los cubanos aún se lo preguntan.

Al ritmo que vamos, la de Venezuela es una diáspora que como la cubana, busca su supervivencia. Sale o huye del país para salvarse de la degradación porque siente que no hay remedio a la vista y el mañana será peor. Se aprovecha de las mismas cadenas del sistema para sobrevivir mientras se adapta (llámese cupos CADIVI) en el exterior dejándose consumir por un odio hacia el país que es peligroso. Al menos, en sus discursos.

Esta semana asistiré a dos despedidas de amigos que se marchan del país. Uno a Canadá y el otro a Irlanda. Con un invierno maldito en ambos países olvidados por el Norte del mundo, mis amigos dejarán el cálido clima caraqueño para intentar comenzar una nueva vida, o, al menos, sentir algo diferente a las estadísticas de homicidio o el temor a ser robado por hablar al celular. En febrero iré a tres despedidas más y en marzo cinco. En total, diez venezolanos cercanos a mi dejan a sus familias porque quieren algo mejor. 

La inseguridad hace al ser humano débil, maleable, alimenta el odio y la exclusión, pero es necesario para el Gobierno con el fin de cumplir sus objetivos. ¿Qué dice el Gobierno indirectamente? "Quien hace la violencia es mi aliado, no se equivoquen que ellos vendrán por ustedes. Este es el territorio de la impunidad y aquí mando yo. Soy la ley y el orden, soy el caos y el desorden". Que lo digan los cubanos… con el miedo es más fácil ejercer la fuerza.

¿El Estado venezolano no imagina lo que significa el costo humano y material de la fuga de talentos que está viviendo y los daños que en una década esto representará para el desarrollo del país? Sí, pero no le importa. Se excusará en que una "nueva patria y juventud" está naciendo, y vendrán rusos, chinos y cubanos contratados para salvar cualquier crisis. 

Me pregunto entonces, ¿y los que se están quedando en Venezuela? ¿Son valientes, son cobardes, son tontos, son ciegos? En menos de un año, uno de cada diez venezolanos de clase media conocerá a una persona que cercana a su círculo dejó el país en busca de otro futuro. Ahora, ¿los venezolanos se unirán entre sí en el extranjero, dejarán sus prejuicios y se integrarán como comunidad. Dejarán de presumir algo que no son? El desafío de ese exilio venezolano será igual de complejo. Todo apenas está comenzando.   

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