¿Por qué Hugo Chávez hasta la saciedad?



Un concurso de guiones para una película de ficción sobre Hugo Chávez. Una plaza para Hugo Chávez. Un conjunto residencial Hugo Chávez. Un aeropuerto Hugo Chávez. Álbumes de fotos de Hugo Chávez. Parques Hugo Chávez. Todo hasta la saciedad. 
Hugo Chávez es cada vez más necesario, urgente. No se trata de honrar a un líder político, sino de sobrevivir a merced de los recuerdos que con la realidad se están diluyendo. No se trata, en todo caso, de que muchos venezolanos recuerden o no al expresidente; todo lo contrario, el penoso escenario del país les obliga a preguntarse: ¿Qué se debe recordar de él? ¿Es esto lo que quería realmente? La redundancia de un Chávez semiapostólico como verbo se apaga y por ende hay que estarla encendiendo.

El exacerbado culto generado en torno a la figura de Chávez tras cumplirse un año de su muerte condujo a su mitificación. Esto es clásico en los gobiernos de corte autocrático en los que la figura del líder requiere de una permanencia eterna en todos los espacios para justificar glorias y fracasos, para recordar que él es el poder, el orden, y que a su sombra queda la nada. Simplemente es el manual para la construcción de un caudillo.
Es de tan de tufo dictatorial esa propaganda de veneración hacia el difunto presidente que en “La tumba de Lenin. Los últimos días del imperio soviético”, la gran obra que le valió el Pulitzer al escritor estadounidense David Remnick, las descripciones del padre de la Unión Soviética son reminiscencias venezolanas.
“Siguiendo la tradición homérica, escribió David Remnick, el Pravda (la publicación oficial del Partido Comunista) se refería a Stalin mediante el uso de infinidad de títulos: Líder y Maestro de los Trabajadores del Mundo, Padre de los Pueblos, Sabio e Ilustre Jefe del Pueblo Soviético, El Mayor Genio de Todos los Tiempos y Todos los Pueblos, El Líder Militar Más Grande de Todos los Tiempos y Todos los Pueblos, Corifeo de las Ciencias, Devoto Camarada de Armas de Lenin, Devoto Continuador de la Causa de Lenin, Águila de las Montañas y El Mejor Amigo de Todos los Niños”.
En Venezuela se honra el primer día de Chávez en…, hasta el día que… cuando hizo…, cuando dejó de hacer. La narración de su vida como hitos se hace incluso reciclando los fracasos para recordar que él existió, que fue humano en forma de Dios. Como cuando Jesús le dijo a los Apósteles que llevaran su palabra para que el mundo reconociera su existencia y lo adoraran como hijo del Señor.
Según Vive TV, cuando Chávez murió fue recibido en el cielo por los líderes de la patria
El país que dejó el “Comandante eterno” “Padre de la Revolución”, “Líder Universal de América”, “Comandante Presidente eterno”, redunda en el caos cuando ni siquiera el presidente Nicolás Maduro tiene un año en el poder, pero es tanta la necesidad de repetir y volver a repetir que en nombre de Chávez debe hacerse todo, pero, más importante aún, debe soportarse todo.
El venezolano sabe el papel determinante que jugó Chávez en la historia del país y el mundo, eso nadie lo puede cuestionar por más que lo desee. Su rol será juzgado como divino y maldito, pero en una tierra como esta donde los problemas viajan a la velocidad de la luz y el sol broncea los recuerdos para dar paso a piel nueva, Chávez ya estaría olvidado. Él nunca quiso una estatua. Ahora hay una decena de estatuas.
 “La idolatría es algo inherente al hombre”, sentenciaba Fernando Savater en su obra “Los diez mandamientos en el siglo XXI”. El célebre escritor español, hablando sobre los ídolos y la idolatría refería que el ser humano no podía evitar “este mal”, dígase, la veneración. “Pero cuidado, tenemos que ser idólatras cautelosos, prudentes con lo que subimos a nuestros altares, porque a veces es difícil bajarlos sin que se derrame sangre”. 
No hay nada nuevo aquí.

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