¿Por qué atacar Francia?



Portada del semanario francés Charlie Hebdo

En realidad todos los países son potenciales objetivos del terrorismo. Ninguno está exento de la barbarie que produce el fanatismo político o religioso, este último cada vez exacerbado ante lo que representa la amenaza de los yihadistas del Estado Islámico (EI). Una verdadera transnacional del terror basada en Siria e Irak capaz de reclutar y activar a cualquiera de sus miembros dispersos por el mundo. Y en Francia sobran.

El atentado en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, en enero pasado, y ahora este viernes 13 de noviembre en París con más de 100 muertos, reivindicado por el EI, son los primeros mensajes contra Francia en lo que vemos el Gobierno convertirá en su propia “guerra contra el terrorismo”.


Francia es un objetivo fundamental de los yihadistas y sus células por razones contemporáneas, pero también históricas, ancestrales, y teniendo el Estado Islámico las intenciones de expandir un supuesto califato, esta República laica guarda especial interés.

El Islam es la segunda religión más importante del país, por la elevada presencia de tunecinos, marroquíes, libaneses y argelinos, gracias en parte al pasado colonialista de los franceses. La mayoría de sus grandes protectorados o territorios fuera de Europa practicaban el Islam, como la Somalia francesa (hoy Yibuti), Túnez, Camerún Oriental y Argelia. En los años 70 y 80 del siglo pasado, las fuerzas de seguridad tuvieron que hacer resistencia al combate del terrorismo salafista y yihadista proveniente de Líbano, Palestina, Irán y el norte de África, lo que despertó un cierto recelo de la sociedad francesa hacia musulmanes.

En defensa del laicismo, la Asamblea Nacional prohibió el uso del velo integral islámico, lo que para sectores radicales de esta fe significó una afrenta. Los musulmanes se quejan de momento que el laicismo predominante de Francia no los respeta, los aísla, los aplasta. Además, el hecho de que prominentes políticos franceses ligados a la ultraderecha cimenten su popularidad promoviendo la islamofobia caldea más la situación. ¿Pero entonces, qué más significa Francia para los terroristas?


El presidente de Francia Francois Hollande
Todo y nada. Es el país de la Unión Europea (UE) con mayor población musulmana lo que convierte a cada ciudad o región un caldo de cultivo para cualquier buena o mala intención. Esta nación tiene una identidad global incomparable, una industria cultural influyente. Una sociedad liberal donde la libertad de prensa es vital. La tercera economía de la UE y la sexta del mundo, la cuarta potencia nuclear del planeta, el quinto mayor exportador de armas y el mejor fabricante de quesos, exquisitos perfumes y vinos. El Islam, por cierto, prohíbe la ingesta de éste último y no sería motivo para perpetrar atentados.

Un cisma en Francia tendría consecuencias globales inmediatas: en las bolsas internacionales, en los mercados, en la industria militar, en los modos como la comunidad internacional reacciona, y por el hecho de que la "République" esté participando activamente desde 2011 en el palpitar de las revoluciones árabes, y ahora en la guerra de Siria contra el Estado Islámico, la convierte en objetivo indubitable.  

París no respaldó la invasión militar contra Irak liderada por Estados Unidos, en 2003, pero las ramificaciones de este conflicto, una década después, se sienten con fuerza en toda Europa. La manera como Francia maneje su propia lucha será importante porque de la experiencia contra el yihadismo los franceses tienen mucho que enseñar.

Osama Bin Laden tuvo un especial interés por Francia y lo que representaba para su cruazada del terror. Lo reveló la biblioteca que guardaba en su refugio en Pakistán y cuyos textos la inteligencia estadounidense se hizo cuando dio muerte al líder del Al Qaida. Los libros dejan ver que los terroristas vienen examinando a la nación gala desde el aspecto militar, económico, social, cultural y político, lo que les permitiría dar golpes más certeros con consecuencias mundiales, tal como ocurrió tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, en EEUU. La misión es vengar el pasado.

Un hecho de la historia entre Francia y el Islam que debe pesar en el accionar retrógrado de los yihdistas tiene que ver con la particularidad de que las fuerzas militares del país frenaron hace trece siglos la expansión musulmana por toda Europa en la renombrada Batalla de Tours, cuando las tropas de Carlos Martel contuvieron en el año 732 las ambiciones de los califa y valí por acabar con el cristianismo. 

Como en el pasado, los franceses y en sí Occidente, se enfrentan a una nueva batalla no con el Islam, sino con los sectores radicales que en nombre de esta religión buscan imponer una concepción de vida misógina, sin libertades y derechos.  

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