Rostros frescos en el poder global


El presidente electo de Colombia, Iván Duque junto a su Vicepresidenta

Los primeros signos de un cambio en el establishment de la política mundial se están dando con el relevo generacional al que se asiste, sin espantos. No solo por el hecho de que los jóvenes están cada vez más involucrados en el quehacer diario, sino conforme la corrupción y los malos hábitos del poder no dan para más, la sociedad muestra su hartazgo.

La victoria en Colombia del candidato de derecha Iván Duque, encumbró esta realidad. Con apenas 41 años de edad, sin vasta experiencia política, y acaso algunos años de fogueo dentro de la burocracia internacional, será el presidente más joven en gobernar un país latinoamericano en la última década.

El caso de Duque, no obstante, demuestra también cómo la vieja política y sus formas siguen brillando en Colombia. Delfín del expresidente Álvaro Uribe Vélez, este joven político fue impulsado por el respaldo de una generación de líderes que rechazan “jubilarse” y buscan mantener viva sus líneas a través de rostros nuevos. El objetivo del próximo inquilino de la Casa de Nariño será marcar la diferencia o postrarse a ser un títere de sus mentores.

A los 47 años, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, es una figura emblemática de la nueva guardia liberal de la nación norteamericana. Ha sido su forma fresca en consonancia con una agenda progresista lo que le ha dado a este político el respaldo de una mayoría de ciudadanos que durante más de una década estuvieron bajo dominio “casi” ultraconservador de Stephen Harper.

Justin Trudeau es hijo del expremier Pierre Trudeau
España acaba de estrenarse con el Jefe de Gobierno más joven de su democracia, que tras la peor crisis económica, relegó siempre el poder en políticos de la vieja guardia que de alguna manera han sido responsables de la actual coyuntura.

Con Pedro Sánchez a sus 46 años, los españoles vieron rejuvenecido el poder, no tanto porque lo quisieran, sino por el hartazgo –o traición—de la dirigencia política que desterró a Mariano Rajoy del poder. La estrategia de Sánchez fue mordaz, astuta. Inteligente. Supo que tarde o temprano podía convertirse en el gobernante del país y refrescar la agenda nacional, un tanto erosionada por la crisis catalana, la agobiante corrupción del partido en el gobierno (el PP) y la ansias de cambio.

Lo que representó Barack Obama para la política mundial, y, por supuesto, la de Estados Unidos, fue su origen y condición en un país cuyo pasado segregacionista no ha sido enterrado. Afroamericano y con 48 años de edad, ascendió a la cúspide del poder de la nación más rica del mundo, con una agenda de inclusión, un lenguaje fresco, actitud jovial y una poderosa propaganda cuyo máxime se propagó por Internet y las redes sociales.

Si bien John F. Kennedy fue el segundo presidente más joven de la historia estadounidense, tras Teodoro Roosevelt, la historia de ayer, como hoy, sostiene el principio de que las sociedades buscan una reinvención a través de nuevos lenguajes, visiones y principios. Si en 1961 Kennedy, a los 44 años, ganó por su feroz discurso a favor de los derechos civiles y la no discriminación, su asesinato en 1963 marcó al país  sobre los verdaderos motivos que llevaron a su desaparición. Para muchos, un misterio todavía.

El mismo fenómeno de cambio vivió Ecuador en 2007 con Rafael Correa, cuando a los 44 años tomó las riendas de un país acorralado por la crisis económica y sediento de un cambio en la forma de conducir las cosas. La imagen autocrática que se erigió Correa no le ha opacado en la nación andina los avances sociales que pudo lograr.

“Ese establishment se viene abajo a gran velocidad en casi todo Occidente. En algunas partes ya solo quedan escombros. En Italia, por ejemplo, donde ya no hay prácticamente rastro de partidos tradicionales y mandan dos outsiders como Liga y 5 Estrellas. El líder de la Liga cabalga a lomos de una retórica xenófoba sin complejos”, advertía Andrea Rizzi, jefe de información Internacional del diario español El País.

Con la promesa de sembrar en Washington un cambio “generacional, racial e ideológico” la victoria de Alexandria Ocasio-Cortez en las primarias demócratas de Nueva York, ejemplifica que la ruptura del tradicionalismo político es un grito nacional en Estados Unidos.

Con 28 años de edad triunfó sobre un experimentado congresista que durante diez ocasiones mantuvo su curul en la Cámara de Representantes, pero ahora vio desterrado su oportunidad de reelegirse gracias al discurso innovador y fresco de Ocasio-Cortez, alejada de los vicios que impregnan la política estadounidense con sus lobbies, favores y deudas personales. 

México se presta a dar una oportunidad para que Andrés Manuel López Obrador sea presidente de la nación. No es un joven político, pero su distancia y recelo con los partidos tradicionales del país lo configuran como un nuevo rostro que revolucionará México en tiempos de Donald Trump.

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